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Martín Onti: Clásico de Clásicos

El domingo se juega una nueva edición del clásico más popular del fútbol español y también del fútbol mundial. A esta altura debemos aceptar que este partido se ha transformado en el más esperado del escenario internacional. Ninguno se acerca a la trascendencia que un Barcelona-Real Madrid tiene en la actualidad en este deporte. 

Podrá haber algún otro clásico de entornos locales con mayor fervor partidario como un River Plate-Boca Juniors en Argentina, un Chivas-América en México; un United-City en Manchester, Inglaterra; un Celtic-Glasgow Rangers en Escocia; o un Inter–Milán en el Calcio italiano, pero nada a nivel de un Barça-Madrid que a día de hoy genera tanta demanda a nivel deportivo como extradeportivo.

Cada clásico entre azulgranas y merengues desarrolla su propia vida. Son momentos de la historia que pinta este deporte con estos encuentros entre madrileños y catalanes. Una cita que encierra muchas cosas al margen de lo futbolístico, juegos que discurren entre marcadas diferencias de ideas políticas, sentimientos sociales y contrarrestadas historias que pasan a ser parte de una adoptada manera de entender la vida.

Cada temporada este compromiso evoluciona hacia puntos inesperados y dependiendo de las circunstancias que rodean la llegada de un Barça-Madrid, o Madrid-Barça, los resultados son producto del análisis de tal presente. Suele ser un clásico que define situaciones en que uno u otro pueden aprovechar una ventaja de salvación puntual o desventaja de límites catastróficos. Amén de entender que no hablo en esta ocasión de la ausencia de Cristiano Ronaldo ni de la Lionel Messi.

El clásico de este fin de semana es crucial para el conjunto de Chamartín, pero, más lo es para su técnico Julen Lopetegui. De incierto futuro, el estratega blanco depende en gran medida de este encuentro. El triunfo pueda que sirva de catarsis para una nueva vida que se iniciará si gana al Barcelona y un más que seguro exilio si la derrota le acompaña en el Camp Nou al entrenador guipuzcoano.

Su par, Ernesto Valverde, aunque más protegido estadísticamente, tampoco tiene la seguridad de la continuidad al frente de la entidad azulgrana aunque esté más protegido por los números. En ocasiones estar avalado matemáticamente no significa que el descontento con un trabajo se mantenga adormecido eternamente por los números. La importancia del gusto por el buen juego puede no ir de la mano de la permanencia en un cargo sólo por victorias parciales, como es el caso del Barcelona.

El domingo en el barrio de Las Corts muchas son las dudas que se aclararán por más que estas sean providenciales, algo que en el caso de ambos clubes pasa a ser primordial semana a semana para la subsistencia del honor institucional que deviene del éxito o el fracaso.

Martín Onti

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