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El Atlético, a remontar sin Costa en Sevilla

Martín Onti: Cine o fútbol

BARCELONA, España.- El séptimo arte es uno de los entretenimientos preferidos de la gente. En general, pasar tiempo de calidad fuera del trabajo diario contempla ver una buena película que le haga evaluar a uno hechos de la cotidianidad en que suelen desarrollarse nuestros días. Un buen cine distingue la calidad de esos momentos en que uno se entrega al esparcimiento y, por el contrario, una mala película arruina la mejor de las predisposiciones que podamos tener para disfrutar de nuestro tiempo libre.

En algunos casos bien se podría comparar el cine a un partido de fútbol, simplemente porque quienes disfrutamos de este deporte compartimos ciertas formas de evaluar esos momentos especiales. La búsqueda de una satisfacción que nos aleje de una realidad, que no es más que esa obligación laboral de subsistencia, se hace muy difícil de alcanzar porque no depende directamente de nosotros y la elección no está dictada por el análisis de una cartelera.

Pues bien, pongamos entonces que el esparcimiento para un sector que se entrega al cine o al fútbol como método de ‘escapismo lúdico’, se ha transformado en la salida a nuestros males y que, por ende, no admite engaño a la confianza que depositamos acudiendo a ver lo que pensamos debería ser una buena película o un buen encuentro de fútbol. Perseguir la recompensa que hemos programado durante los días previos no contempla engaños.

La diferencia entre uno y otro, dada por el tiempo presente que el fútbol nos entrega en vivo y en directo, sin programación previa, nos permite evaluar de forma distinta nuestra presunción de realidad y en ello se hace menos comprensible aceptar la falta de buen profesionalismo que un equipo entrega a veces. Ese sentimiento de angustia termina apoderándose del espectador que se siente traicionado por circunstancias inaceptables y la frustración se hace inevitable.

Cine de Hollywood o cine Independiente, partidos de fútbol con compromiso de conquistas o con desinterés por alcanzar logros. Todo se resume a la consecución de objetivos. Ambos convergen al mismo punto de fines planificados, uno desde el escenario de una pantalla gigante y el otro desde la realidad confusa en un campo de juego. 

La mayor parte de las veces, el cine, con más tiempo para proyectar el triunfo o el fracaso, invierte acorde a intereses de un grupo de gente que ha tenido tiempo para decidir satisfacciones de pasatiempo. El fútbol, en cambio, suele decidir sobre la marcha y de acuerdo a un sentir que se va modificando en la inmediatez del momento. 

Sin saber la razón exacta ni el porqué, en unos minutos todo cambia desde el juego más bello al aburrimiento más cruel. Un partido lleno de emociones puede transformarse en tedioso, y de la victoria ilusoria se puede pasar a la derrota que desquicia, que le quita toda emoción a la lucha por el título.

Necesitados de confiar en una razón para divertirnos, nuestras esperanzas volverán igualmente a depositarse en el fútbol. Volveremos a desear que los 90 minutos sean una eterna invitación a la alegría aunque con La Liga ya decidida, tras la derrota del Atlético de Madrid ante el Villarreal, por ahora sólo nos quede ir al cine para encontrar esa esperanza ya casi marchita esta temporada.

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