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Martín Onti: Barça, "es lo que hay"

La expresión ‘Es lo que hay’ podría no ser sometida a explicación alguna para entender su significado, porque en realidad es utilizada sólo cuando no hay modo de dejar más en claro una situación que es y será negativa. Jamás se usaría para dar esperanzas de que algo vaya a tener un buen augurio, a menos que se sea maquiavélicamente masoquista quien así la interpreta.

Antes de decir esta tan corta como profunda sentencia, a manera de un haiku japonés -poema breve de diecisiete sílabas, escrito en tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente- el resultado ya está definido. Cuando se ha pronunciado esta especie de veredicto, no queda otra alternativa que enfrentar el camino correspondiente para hacer el duelo de una pérdida irreversible.

Es en este proceso que se encuentra todo el estamento del FC Barcelona hoy. El problema de la entidad que preside Joan Laporta está sumergida en un abismo tan complejo como la insensatez de toda una institución que jamás evaluó que los éxitos no son eternos.

No se podría culpar a una sola persona, ni a un grupo determinado de personas, en un caso tan terminal como al que enfrenta el Barça. El tema va mucho más allá de las fiestas sin fin de Laporta cuando su club ganaba todo; de los lacerantes expendios de Josep Maria Bartomeu y de su predecesor Sandro Rosell, e incluso navegando hasta la déspota época de Josep Lluis Núñez; y de la ceguera existencial de todo el ‘Més que un Club’ para no querer poner en perspectiva que durante mucho tiempo el FC Barcelona fue sólo Lionel Messi y muy poco más.

Aún así, el problema no es solamente futbolístico, ni relacionado estrechamente al balón. Las connotaciones tienen un serio arraigo político en el que Cataluña, como estado, también tiene su parte de culpa. Amén de ello, y del alma de un pueblo victimista por naturaleza, la historia culé se proyectó a manera de escudo protector para contraatacar el poder tan temido que creían, y creen, les acecha desde la capital del reino.

Todo esta enunciación de razones, y las que devienen de estas, han ido conformando una problemática tan insostenible que provocan una resultante de difícil solución. A estas alturas de las circunstancias ya no importa si a Ronald Koeman le despiden y si en su lugar llega Xavi Hernández, Robert Martínez, Andrea Pirlo o, más aún, el absurdo de Marcelo Gallardo o el de Jordi Cruyff reencarnándose en su padre para disfrazar de realidad esta utopía que hoy el FC Barcelona no puede ver.

No hay explicaciones conciliatorias, no puede haberlas llegado este punto. Todo pasa por reiniciar un proceso de nuevo aprendizaje para volver a tener la esperanza que se ha ido perdiendo en Can Barça. Hay nuevos y jóvenes jugadores que no precisan de resentimientos arcaicos para darle al club la entidad que supo tener. Pero, por ahora, y dentro de ese desconcierto de duelo irreversible que atraviesa la institución catalana, esto ‘Es lo que hay’.

Martín Onti

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