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Martín Onti: aprendizaje en Hispalia

MADRID, España.- En el estadio Sánchez Pizjuan, en el corazón de la antigua Hispalia, muchos aprendimos más que de fútbol, de la vida. Tanto el conjunto local del napolitano Vincenzo Montella, porque de esto debe sacar conclusiones importantes para crecer en todos los aspectos inimaginables, como el Barcelona de Ernesto Valverde, conocedor ahora más que nunca de su dependencia, tienen que haber entendido una lección ejemplar de existencia. Todo lo que no sea aprendizaje de lo ocurrido, hablará tristemente de ellos a partir de ahora. 
 
 
Uno, el Sevilla, transitó los más increíbles estados de vivencias. Su contacto con la realidad de lo que iba sucediendo durante el partido ante los azulgrana, parecía tomar por sorpresa a los hispalenses. A remolque de las facilidades que los catalanes le ofrecían, los andaluces no atinaban a concretarlas cuando con tanta facilidad se plantaban frente al alemán Ter Stegen. Esa demora en las neuronas de los de Montella para concretar oportunidades, sólo servía para dormir un partido al que el Barça parecía no haber acudido. La ausencia del adversario no importaba, y el Sevilla navegaba en la inoperancia ofensiva de sus hombres hasta que llegó el gol de Vázquez casi sin enterarse. De igual manera fue la segunda parte a excepción de los dos minutos finales del partido.
 
El otro, ese equipo del minuto 88 y 89, fue el Barcelona de Lionel Messi, o debiéramos decir del espíritu de Lionel Messi, es la escuadra que en ocasiones depende del argentino para creer en algo. Anoche, un conjunto diezmado desde lo anímico y enfundado en camisetas blaugranas deambuló hasta su ingreso y entonces se encomendó al fantástico milagro de la Semana Santa. Sólo la creencia religiosa puede servir como pretexto para analizar, desde lo novelesco, el milagroso empate que arrancó la escuadra de Valverde del Sánchez Pizjuan. Nadie en su sano juicio podría otorgarle valor real al triunfo que significó el empate de anoche del líder de La Liga, si no se lo mira desde la absoluta dependencia que el Barça tiene de ‘La Pulga’.
 
 
Si se puede ejemplificar la relatividad en el fútbol, no creo que haya mejor prueba que este partido en el Sánchez Pizjuan. El Sevilla lo tuvo para sentencia y terminó crucificado en su propia Vía Crucis. El Barcelona se imaginó muerto sin creer que la Resurrección existe, aunque sólo sea religiosamente hablando. 
 
Montella conoce ahora fehacientemente la debilidad de sus hombres y Valverde la razón de sus logros. No creerse una victoria cuando te pertenece provoca falta de fe en lo que se hace, como le ocurrió al Sevilla. Tanto o más que sufrir del alma vacía sin el concurso de Lionel Messi, como asiduamente le ocurrirá al Barcelona de quien sea que lo dirija mientras el argentino se vista de azulgrana... Algo así como le ocurre a Jorge Sampaoli en el seleccionado de su país.
 

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