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Martín Onti: Acuerdos internos

Los sentimientos no tienen explicaciones. Van y vienen en el corazón del ser humano sin posibilidad alguna de ser controlados. El sentir de la gente limita amor y odio sin ecuaciones matemáticas. Puede que inducir uno u otro pueda depender de terceros, pero en el origen, en la esencia del afecto, el alma es insobornable y hará caso a lo que dicten las entrañas con el mero observador sólo participando como invitado de piedra.
 
El escenario que se describe, bien es aplicable al FC Barcelona en esta nueva temporada en la que una novela de entre-casa, completada con terceros en cuestión y la grada en calidad de potencial enjuiciador, exponen la exacta situación de aquella vieja verdad del párrafo inicial.
 
En el Barcelona –aparcado el tema Neymar Jr.- Antoine Griezmann y Lionel Messi son la base de una suma de vínculos que se encuentran en un punto de divergencia que sólo ellos deberán resolver. Nada tienen que ver aquí los pareceres futbolísticos, ni las ópticas de juego, y ni siquiera las desavenencias puntuales del video de Piqué. Todo pasa por el desacuerdo que han dejado las heridas en el ego humano, y sólo de ellos dependerá cerrarlas para el bien del club bajo la atenta mirada del que espera en plan observador. 
 
Las aristas de una trama que para ser resuelta favorablemente requiere de mente fría y corazón templado, son parte de la historia reciente que no está aún exenta de dolor. Esa sensación aflictiva que aún perdura en Can Barça depende ahora de los protagonistas que deciden. El uno y el otro deberán colaborar para el bien común, lo saben y son conscientes de ello.
 
Cada uno tiene su parte de culpa, aunque a primera vista no lo parezca. Los avatares nunca caen siempre de cara en la vida y tener esto en cuenta podría ahorrar muchos sinsabores. Con el tiempo uno aprende a tomar distancia de las situaciones y es entonces cuando el apriorismo siempre muere a manos de la razón.
 
Se equivocó Griezmann dándole libreto a una historieta inapropiada, y lo aceptó; además se equivocó Messi en ser demasiado incauto y, también, ciertos directivos desde el desconocimiento de la cruda realidad que les ofrece la comodidad de sus poltronas en el Camp Nou.
 
La resultante, es esta nueva posibilidad. La de generar una versión diferente y confiar en una nueva oportunidad para remediar el mal que causa enfrentar al amor y al odio de manera tan visceral. Las partes se necesitarán ahora para volver a marcar historia actuando cada uno de ellos desde el lugar que les corresponde. Este fin de semana que viene, tras el ‘parón liguero’, el Valencia vendrá al Camp Nou y es entonces cuando los acuerdos internos deberían estar solucionados entre las partes afectadas, o infestadas, que afectan.
 

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