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Rafinha recibe el alta médica tras 8 meses de baja

Martín Onti: 8 millones de euros

8 millones de euros es una cifra que, al menos, llama nuestra atención como para preguntarnos de qué, de quién, o de quiénes se trata. Pues bien, este monto de dinero es el salario anual de un simple jugador de fútbol, uno de los tantos que se ubica, con tales emolumentos, en la medianía, sólo en la medianía de los acaudalados empleados del balón que tenemos en el fútbol europeo.
 
Muchos son los nombres que surgirían con cifras superiores si comenzamos a enunciarlos uno por uno. Sin embargo, para el caso, con nombrar a Rafael Alcántara, Rafinha, el ex mediocampista del FC Barcelona y en la actualidad en las filas del Paris Saint-Germain galo, basta y sobra.
 
Tras su enésimo regreso a Can Barça, y para poder quitárselo elegantemente de encima, el hermano menor de Thiago Alcántara -hoy en el Liverpool que entrena Jürgen Klopp- fue poco menos que despreciado para continuar en la entidad catalana esta temporada. Tras los otros tantos préstamos que el Barcelona intentó usufructuar con uno de los hijos de Mazinho, aquel famoso internacional brasileño campeón del mundo del ’94 en Estados Unidos, Rafinha vuelve a salir por la puerta de servicio culé.
 
Bien, y aquí pretendía llegar; si a alguien a quien no se le considera un futbolista imprescindible, que no se lo puede encasillar en el grupo de los absolutamente necesarios, descartado en cada pretemporada y, por lo tanto, con imposibilidad de ser considerado vital para la conformación de un equipo, gana 8 millones de euros al año, mi cabeza pierde sentido analítico desde la perspectiva socio-económica-deportiva de cualquier entidad.
 
Esto habla claramente del temor a darnos cuenta de las barbaridades que se toleran alrededor del deporte, porque consecuentemente se deberían tomar medidas acordes que incidan de manera significativa en la realidad. Quizás la Covid-19 esté siendo la gota que rebalsa el vaso, una gota de la que tendríamos que aprender a sacarle provecho en beneficio del futuro de la humanidad.
 
No es este un rapapolvo en contra de Rafinha, ni contra los Alcántara. Esta inquietud va mucho más allá. Está enfocada a los intocables hilos que se manejan desde escritorios infranqueables al sentido común, donde se sientan señores de pantalones largos y perfumes caros, que definen la direccionalidad de un eje que una vez más se vuelve a probar insultante.
 

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