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DESPROPÓSITOS DE UN CLÁSICO

BARCELONA, España.- Muchos fueron los despropósitos que incidieron para poder catalogar este partido entre el Barcelona y el Real Madrid de raro. Un encuentro ausente de créditos para calificarlo como juego que destacara desde lo futbolístico.

Eso sí, fue vibrante, disputado, emocionante, cambiante y analíticamente futurible para alabarlo sólo desde la trasmisión de sensaciones de acuerdo al color de la camiseta, aunque muy claro desde la imparcialidad de lo sucedido.

Principalmente, el clásico quedó demasiado grande para un árbitro que resuelta La Liga, lo importante era quedar en paz con dios y con el diablo. Alejandro Hernández Hernández, el colegiado canario, responsable del partido, seguramente haya maldecido el trámite durante el juego y más lo hará cuando repase las imágenes que bien claro podría tener registradas en sus retinas, aunque las oculte de por vida de cara a la opinión pública.

Madrid no hizo pasillo al Barca y los memes no perdonan (FOTOS)

Es verdad que nada se jugaba de cara al torneo ya finalizado la semana anterior, cuando matemáticamente el Barça se coronó campeón en Riazor ante el Deportivo de la Coruña. Aquí, todo se resumía a honores, respeto y cuentas personales y el resto pasaba a ser secundario.

Desde temprano en la semana se insistía en desacreditar este partido tildándolo de ‘descafeinado’, algo que nadie en sus fueros internos estaba convencido de que así fuese a ser. Todo condujo a atestiguar en el Camp Nou que la verdad fue otra. La honorabilidad a veces tiene más valor moral que el fútbol en sí y este juego lo certificó desde principio a final.

Barcelona sí tuvo pasillo de campeón... por parte de su staff

Analizar los 90 minutos es alternar dominios de campo, de balón y de sensaciones. Puede que desde lo futbolístico sea pobre el resumen y si destacamos que el Real Madrid mereció mejor suerte, no nos equivocaríamos. Sin embargo, lo emotivo fue el centro del espectáculo y, en ello, el empate podría tener cabida para justificar el empate final.

Fue un partido de, casi, final de temporada, y eso ha sido fundamental para la gestión de este trepidante 2-2. Cada uno jugó con sus propias esencias y urgencias. El cansancio puso en escena ese plus que nos mantuvo pegados a la grada, al televisor, al transistor y el Barça fue claramente el beneficiado en un partido para no olvidar. La temporada que viene el VAR tendrá una trascendencia especial en la liga española, y otras vivencias serán las que nos toque comentar para entonces.

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