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Martín Onti: Regresando al futuro

Lo que puede haber imaginado cada aficionado cuando este seleccionado de Luis de la Fuente partió rumbo a los JJ.OO. de Tokio 2020, se basa mucho en el recuerdo que la gloria conquistada en Barcelona ´92 arroja sobre cada expedición española a cualquier justa olímpica, donde los recuerdos traigan imágenes esperanzadoras para el deporte español.
 
Podríamos decir que el futuro basado en el pasado, o la intención de repetir sensaciones complacientes, acerca ahora a ‘La Rojita’ a la gran posibilidad de obtener la presea dorada por segunda vez en su historia. Un sueño que, desde nuestra perspectiva, en nada vendría mal al desvencijado momento que atraviesa el fútbol en España.
 
Venimos insistiendo, en cada escrito, que la imposición de un sistema que distinga a todo un ente, futbolístico en este caso, se basa en la repetición de parámetros aceptados y memorizados que han sido llevados con convencimiento y efectividad a la práctica. 
 
Y de esto se trata precisamente, en aceptar que un todo es la suma de las partes y que nadie se salva en la soledad cuando la necesidad exige la unión mancomunada de un equipo. Deshilvanar cada función, para comprenderla y hacer un juicio correspondiente, conlleva entender cada pieza del crucigrama que se impone desde la compenetración entre jugadores, cuerpo técnico, asistentes, y entorno inmediato a dicho grupo.
 
Esta es, sintéticamente y en paralelo al juego en sí, la ecuación que ha terminado funcionando frente a Japón en Saitama para acceder a una posibilidad única que se le presenta de nueva cuenta a esta Selección de España camino al Oro olímpico.
 
Las alternativas de partidos anteriores condujeron ante Japón para entender que las probaturas daban sus frutos ante Take Kubo y compañía. Las líneas funcionaron como estaban previstas por De la Fuente, a pesar de las presiones propias y la velocidad del adversario, porque la idea generadora de juego fue clara en esta ocasión. Las dudas y algunos temores se superaron con paciencia e inteligencia hasta que apareció el método, y en el momento apropiado Marco Asensio consiguió el propósito de identidad no exenta, claro está, de ese sufrimiento casi insano que se debe tener con el juego de España.
 
Lo que viene, será otra oportunidad memorable para abrazarse a la inmortalidad en el fútbol olímpico. Los trazos se han marcado en progreso y Luis de la Fuente ha podido, finalmente, superar sus propias presunciones y temores a favor de la pureza que la lógica le exige a este planteo de juego. España va camino a reencontrarse con el espíritu del ’92 y con la gloria misma, esta vez ante Brasil.
 

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