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Martín Onti: Los límites de la incongruencia

Todo un selecto grupo de amigos periodistas españoles, que no pudimos hacernos presente en Tokio, nos juntamos a desayunar en una buena iniciativa para intercambiar conceptos de lo que sucede a la distancia en Japón. El España-Costa de Marfil era la excusa apropiada para revalidar conceptos que ya veníamos considerando desde el inicio de la ‘La Rojita’ de Luis de la Fuente en los JJ.OO.
 
En una mayoritaria coincidencia, acertábamos a estar de acuerdo en una opinión que no está alejada de la realidad, y en la cual venimos haciendo hincapié desde que España comenzó su participación en esta suerte de ‘atípicos’ Juegos Olímpicos.
 
Nuestra postura no difiere de la forzosa comparación a la que debemos acudir cuando de una ‘empresa’ se trata. Y digo esto, porque se hace inútil no identificar -que de eso se trata- un libreto común para quienes se precien de tener un modelo de juego en el que reconocer la identidad de dicha empresa, llamada en este caso Selección de España.
 
Si la Absoluta de Luis Enrique respeta, como lo hace e hizo en la Eurocopa, una línea de gestión de juego, llámese Morata como punta para fijar centrales rivales, un medio centro como Busquets entendedor de la propuesta y arropado en la calidad ofensiva de Pedri, una línea de centrales compenetrados de la planificación, con secundarios que comprendan su papel de apoyo incondicional, la historia olímpica no la comprendía hasta que la razón me dio una luz a 3 minutos del final de un partido en estado de extremaunción.
 
Luis de la Fuente, o el tremendo poder que a voces suele gobernar el egocentrismo del ser humano, cambia el libreto con la inclusión de un falso ‘9’ como Mikel Oyarzabal sin comprender que la lectura del adversario es una condición prioritaria para cada estratega que se precie de serlo. Costa de Marfil, lo sabe el mundo del fútbol y el técnico de este seleccionado español, tiene capacidades de un rival diferenciado que no se pueden, ni se deben, ignorar.
 
El ingreso de Rafa Mir, cuando la muerte pisaba los talones de De la Fuente y el miedo le petrificaba tras la línea de cal, terminó no sólo salvando a España rumbo a las semifinales a espera del oponente en el Japón-Nueva Zelanda, sino que viene a darnos la maldita razón de quienes, en apariencia, entendemos mucho menos de este juego que el, por ahora, entrenador de este equipo español.
 
Rafa Mir con un hat-trick descubrió y salvó la flaqueza estratégica-táctica de un Luis de la Fuente que, como lo dicta su apellido, debe recurrir a las mismas y dejar su vedetismo de lado, si es que se nos permite usar dicha palabra, comprendida entre el bien y el mal de la condición humana, para volver a a ser congruente con el fútbol que se intenta sea una identidad española desde hace mucho tiempo atrás.
 

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