Martín Onti: Daniele Bernardinelli

MILÁN, Italia.- Daniele Bernardinelli es el nombre del aficionado, de apenas 35 años, que murió víctima de la barbarie previa al Inter-Napoli en las inmediaciones del estadio Giuseppe Meazza de Milán. Justo el día en que una nueva instancia de apertura se ofrecía al ávido mundo del espectáculo que Italia intenta instaurar en su calendario para encumbrar al desvencijado Calcio de la última década, un hecho vergonzante ahoga el interés hacia un fútbol en decadencia que vuelve a demostrar el peligro que incuba tras su escudo. 

Inútil sería a esta altura relatar los pormenores de la trágica muerte de Bernardinelli, tanto como inútil fue en su momento buscar a los autores materiales del deceso de Francisco Romero Taboada, alias Jimmy, en las aguas del Manzanares previo a un Atlético de Madrid-Deportivo La Coruña allá por el año 2014 en la liga española, y más aún tras la vergüenza internacional del River-Boca que terminó pacíficamente en el Santiago Bernabéu hace sólo un par de semanas atrás.

Nadie debe escapar a la verdad de una realidad que está pidiendo a voces atención debida. Lo del seguidor italiano viene a ser, si miramos el tema como una acción consumada y terminal, el postrero llamado que exige un punto final a la violencia enmascarada que el fútbol ofrece al mundo.

Llegado a este punto, sólo se debe mirar hacia atrás para apoyarse en lo que no se debe repetir y aprovecharse de ello para no cometer más horrores. Italia ahora, tras este acto de vandalismo inaceptable, se plantea la hipótesis de suspender el fútbol. No sé, verdaderamente, si llegado a este punto esa sería la mejor medida para adoptar. No me cierra ya que una decisión en esa dirección sea la aconsejable, quizás porque jamás existirá.

Lo cierto de todo esto, o que merece un exhaustivo análisis al menos, es que ha habido una muerte más en el fútbol producto de las oportunidades que este ‘entretenimiento’ propone para caldear las bajezas humanas, esas que el ‘bipolarismo’ de los grupos colectivos se potencian desde el comportamiento de las masas.

No me atrevo, esa es la verdad, a señalar soluciones porque eso conlleva mucho más que apuntar con el dedo al juego, muchísimo más que insinuar que el balón es el culpable de lo que ocurre en las inmediaciones de los estadios a falta de que un día vuelva a suceder algo irreparable dentro de los mismos.

El fútbol continuará tal cual, lo intuyo tras las afirmaciones del presidente de la Federcalcio, Gabriele Grabina, y no será que volvamos a hacer una inútil pausa de la pelota sino hasta el próximo Daniele Bernardinelli. Así en la tierra como en el cielo, padre nuestro que estás en los cielos, sólo tienes que calmar la tentación y librarnos del mal. Amén.

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