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La conquista del primer título del Leicester City en su historia le devolvió el espíritu deportivo al fútbol. Foto: Getty Images

Un Título para Leicester y los recuerdos del potrero

MADRID, España.- Disfruto tal cual como si nos remontáramos a los viejos tiempos, a aquellos días en que el fútbol se jugaba en la calle, en las aceras, en las plazoletas en donde dos bancos, o dos árboles, o dos bultos cualquiera hacían de portería. Me refiero a esa época pasada nuestra, los antiguos enamorados de este deporte, en que vivíamos de manera distinta el juego del potrero.

Rescato para esta explicación, tirando de melancolía, aquellos privilegiados momentos en que el placer de jugar con un balón podía más que la obligación de hacer las tareas del colegio para la mañana siguiente.

Entiendo, en un alto de este negociado camino en que se ha transformado el fútbol contemporáneo, que los profesionales deban mirar este trabajo desde una óptica diferente; donde se deben vigilar escrupulosamente las circunstancias; el cuidado de su preparación física; la rectitud de su comportamiento; y la obediencia debida a todo lo que rodea este deporte en donde ya no existe el placer de correr detrás de un balón en libertad de pensamiento y sentimiento.

Dentro de ese profesionalismo tan encorsetado, esta tarde encontré lo más parecido a la simpleza de este juego que el mundo futbolístico puede prestarnos sólo por horas. El Leicester City se coronó campeón de la Premiership y las vísceras de un puñado de jugadores profesionales dio rienda suelta a la alegría de disfrutar de los orígenes del fútbol en estado de niñez.

Esta vez esa similitud con el regreso al pasado, a la plaza, a la calle, a la acera donde solíamos juntarnos para festejar, fue la casa de Jamie Vardy. El goleador, una de las estrellas de los “Foxes” de Claudio Ranieri, puso su hogar para ver por televisión el empate del Tottenham Hotspur ante el Chelsea que significó el primer título en la historia del British Football para el Leicester, ante el estupor de mucha gente incrédula.

Mientras a kilómetros de distancia, en su Roma natal, el gladiador Ranieri visitaba a su madre antes de regresar al King Power Stadium para reiniciar los entrenamientos de esta semana y acometer la recta final de esta conquista pírrica… sus guerreros gozaban como en “el potrero”, donde las forzadas presiones y obligaciones poco cuentan para los románticos del fútbol.

 

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