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Premier League: Cómo Claudio Ranieri hizo del Leicester City una historia irrepetible

MANCHESTER, Inglaterra.- El Leicester City se proclamó campeón de la Premier League tras el empate del Tottenham Hotspur ante el Chelsea, una de las hazañas más grandes en la historia del futbol. Pero, ¿cómo pudo esta plantilla de 54 millones de libras lograr algo tan impensable?
 
Esta ha sido una de las temporadas más atípicas en el futbol inglés probablemente desde que el Notthingham Forest de Brian Clough ganó el título en 1978 justo al año siguiente de haber ascendido a la primera división. Pues algo más o menos parecido ha hecho el Leicester City, luego de haber transitado casi la totalidad de la pasada campaña en el fondo de la tabla y lograr en la última recta un verdadero “ascenso”.
 
 
El conjunto de Claudio Ranieri ha contado con la ayuda de todos los ¿grandes? del campeonato y las desgracias de las cuales ninguno pudo librarse. Aún es un misterio como el Chelsea pasó de ser campeón, imbatible, perfecto, a un equipo del montón vilipendiado en cualquier esquina. 
 
Al Manchester City se le marchitó el mediocampo de la noche a la mañana; las ausencias de Vincent Kompany, Samir Nasri y Kevin de Bruyne en gran parte de la temporada dejaron a Manuel Pellegrini en la necesidad de encontrar un plan B que jamás halló. Para colmo, el anuncio de su marcha y la llegada de Guardiola acabó de desestabilizar a la plantilla.
 
Louis van Gaal, a pesar de todo el dinero gastado en el verano, no acaba de colocar al Manchester United en un puerto seguro y no fue ni quisiera una amenaza. El Arsenal… ¿qué podemos decir del Arsenal que ya no sea de dominio público? Esta imagen mostrada el sábado en el encuentro ante el Norwich habla por sí sola.
 
 
En medio de este río revuelto llegó entonces un astuto pescador que contó con una gran dosis de suerte. Mientras sus competidores jugaban dos veces por semana en casa y en Europa, el Leicester City sólo se concentró en los domingos. No ha tenido lesiones importantes y ha podido jugar casi toda la temporada con su alineación preferida. Esto, sin lugar a dudas, acabó siendo una tremenda ventaja.
 
Como futbolísticamente, -perdón, económicamente-, la diferencia con los grandes era irremontable, Ranieri sacó la mayor ventaja en los juegos de la mente. Una plantilla que se reforzó en cada sector de la cancha con futbolistas que habían tenido buenos rendimientos en sus últimos equipos. Robert Huth y Christian Fuchs en la defensa, N’Golo Kanté y Gökhan Inler en el centro del campo y Nathan Dyer y Shinji Okazaki en el frente del ataque.
 
El objetivo no era otro que mantenerse en la Premier League sin los apuros de la primavera pasada. Nada más que eso. ¿Pensar en el título? ¿Clasificarse a las competencias europeas? ¡Imposible! Ranieri acababa de llegar al club, jamás salió campeón en su carrera y con esta plantilla soñar con algo más grande que la permanencia era convertirse en el hazmerreír de todos.
 
En esta temporada en el Leicester City se han conjugado a la perfección todos los factores casuales que pueden llegar a provocar un desenlace como este. Por suerte o por desgracia, -en este caso, por suerte-, el azar está demasiado metido en el futbol y todas las estrellas se alinearon magustralmente para crear una constelación donde Ranieri y los suyos no tuvieron apenas contratiempos.
 
Jamie Vardy y su erupción anotadora, el infatigable trabajo de Kanté y Danny Drinkwater en el centro del campo, las gambetas, asistencias y goles de Riyad Mahrez y el acoplamiento defensivo de Robert Huth, Wes Morgan, los laterales y los extremos eran cosas que podían ocurrir por separado, pero que todas convivieran en una misma temporada y con tanto nivel de perfección era algo que tenía aún menos probabilidades de suceder que las propias chances del Leicester City de ganar el título.
 
Entonces Ranieri hizo de ese vestuario una verdadera familia donde se entrenaba y se jugaba con exigencia, pero con una sonrisa, donde cada quien recibía la dosis exacta de motivación para no soñar más allá de las nubes, pero para creer que era posible llegar a ellas.
 
Y así se fue construyendo la gloria, paso a paso, jornada a jornada, gol a gol. Sin presión alguna, algo que el técnico italiano puede citar como su mayor aliado. Mientras que Mourinho, van Gaal, Wenger y Pellegrini todos eran cuestionados semana tras semana, el Leicester City no tenía una vara que saltar. 
 
Como dijo el propio Ranieri, esto sólo pasa una vez cada cincuenta años. Que un equipo con un presupuesto ínfimo le gane a todos esos burgueses que ahora suplican desesperados una migaja es algo que probablemente no volvamos a ver.
 
Pero el idilio no acaba. En la próxima temporada no solo llevarán en sus camisetas la insignia dorada de campeones, sino que jugarán la Champions League con la misma ausencia de presión que les hizo coronarse en esta campaña. 
 
El Nottingham Forest de Brian Clough culminó sus tres años de ensueño con el título de la Copa de Europa justo después de haberse coronado en Inglaterra en la temporada siguiente a su promoción. Tres temporadas ¿irrepetibles? El Leicester City, Claudio Ranieri y el tiempo han tomado la palabra.
 

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