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Mourinho no encuentra la salida a la crisis del Manchester United y Guardiola lo espera

MANCHESTER, Inglaterra.- Incluso antes de saltar a la cancha este domingo ya Mourinho había experimentado sensaciones extrañas al llegar a Stamford Bridge. Esos hinchas que lo veneraron durante tanto tiempo le dieron la recepción más impensada posible. En un espacio reservado para autobuses le colocaron una pancarta de recibimiento en clara referencia a la estrategia que el manager portugués emplearía ante el Chelsea.
 
 
Pero lo cierto es que Mourinho no tuvo tiempo de estacionar el autobús pues a los 30 segundos el Manchester United ya perdía por 1-0. En el resto del partido sus jugadores apenas persiguieron las sombras de un rival que jugó a un ritmo completamente inalcanzable para los Diablos Rojos.
 
 
 
Los cuatro primeros partidos de la temporada fueron un total espejismo para Mourinho y el United. Esas cuatro victorias, más engañosas imposible, escondieron las reales carencias de un equipo que se vino abajo contra el Manchester City al regreso de la fecha FIFA de septiembre y que aún no se levanta, a pesar de haber conseguido, engañosas también, goleadas ante el Leicester City y el Fenerbahçe.
 
Mourinho salió esta mañana de su hotel en Manchester [aún no encuentra una casa, o quizás no se ha decidido a comprarla porque sabe que no estará demasiado tiempo en la ciudad] y se dirigió al centro de entrenamientos del equipo con muchas ideas en la cabeza, pero incapaz de transformarlas en palabras. Es tan grande el desbarajuste y tan irrefrenable el despelote que es imposible resolver todos estos problemas a la velocidad que él quisiera y bajo la cual el entorno de la Premier League lo obliga a trabajar.
 
En Inglaterra ahora se necesita éxito inmediato, no hay espacio para el fracaso y un varapalo como el de ayer crea en la prensa un unánime coro de despido. Mourinho aún no encuentra su mejor once inicial ni el esquema que mejor haga funcionar a sus jugadores. Todo después de cuatro meses, 150 millones de libras gastadas y catorce partidos jugados. Por ejemplo, Claude Puel en el Southampton y Ronald Koeman en el Everton, quienes también llegaron a sus respectivos equipos en el verano y no contaron con semejante dinero disponible, parecen tener una mejor idea de cómo hacer funcionar a sus equipos.
 
 
Paul Pogba aún no destapa su mejor versión, esa por la cual se pagó una cifra récord en el mundo. Zlatan Ibrahimovic ha perdido el camino de los goles y los extremos tampoco crean ese vértigo ofensivo que durante mucho tiempo fue la primera arma defensiva del equipo. Ahora, para defenderse, el Manchester United tiene que re-defenderse y aun así no consigue hacerlo bien.
 
 
Para salir de este cráter, ante todo, Mourinho necesita un poco de humildad, algo que si a estas alturas de la vida no tiene es muy poco probable que vaya a conseguir. Irle a reclamar a Antonio Conte por avivar a los hinchas cuando el partido estaba 4-0 es algo pírrico al lado del papelazo que su equipo hizo en la cancha, pero él siempre necesita reforzarse moralmente, agarrarse de la rama más patiseca y demente para creerse con un ápice de razón.
 
 
 
De esta manera, cuando diriges personas en un ambiente tan impredecible como el futbol hay que partir de que las derrotas son posibles y no hay nada malo en sufrirlas, siempre y cuando la actitud mostrada hacia ellas sea la correcta. Por desgracia, este siempre ha sido el primer error de Mourinho y el miércoles lo estará esperando Pep Guardiola para clavarle otra daga en su ya maltrecha reputación.
 

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