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La llegada de Pep Guardiola al Manchester City es dañina para la Premier League

LONDRES, Inglaterra.- Aunque el Leicester nos ha devuelto parte de la ilusión en esta temporada, todos sabemos que es algo que sólo ocurrirá una vez. Milagros así son justamente milagros y a la larga los más fuertes volverán a serlo. Perdón, los más ricos.
 
Más tarde o más temprano, los jeques de la Premier League serán otra vez el Manchester United, el Chelsea y el Manchester City, a menos que un audaz entrenador logre introducir a otro Leicester en la parte altísima de la tabla. A fin de cuentas los últimos once títulos se han repartido entre estas tres selectas instituciones.
 
 
La llegada de Guardiola al Manchester City no hace otra que cosa sino agrandar la diferencia entre los más grandes, -perdón, los más ricos-, y los no tan beneficiados económicamente. 
 
Desde hace mucho tiempo el futbol dejó de ser un deporte para convertirse en un negocio y la Premier League es bandera de ello: el próximo contrato televisivo les reportará más de tres mil millones de dólares por cada una de las tres temporadas en que tendrá vigor y el torneo está repleto de futbolistas internacionales, mientras que las academias han quedado en el olvido.
 
Aunque la presencia de uno de los mejores managers del mundo va a beneficiar la calidad del futbol practicado aquí, la sapiencia de Pep, sus métodos y la chequera de los dueños árabes harán de la Premier League un torneo aburrido y quizás transcurran varios años para encontrar un conjunto que les brinde una real oposición por el título.
 
 
Si en esta temporada finalmente acaba conquistando la Bundesliga, Guardiola habrá ganado seis de las siete temporadas de liga que ha disputado, probablemente el mejor record de la historia. En el City se encontrará a un equipo un tanto desfigurado, pero cuyo plan A es el futbol de posesión y presión post-pérdida que él tanto profesa.
 
Una mejor preparación física, un par de ajustes, quizás un par de fichajes y la máquina celeste adquirirá la perfección que gozó el Barça bajo su mando y de la cual disfruta ahora el Bayern Munich. ¿Quién puede hacerle frente en estos momentos? Aparentemente nadie.
 
El Manchester United se debate entre despedir a van Gaal o correr el riesgo de que su última temporada sea un fracaso similar a la actual. El Chelsea todo parece indicar que le abrirá los brazos a Antonio Conte y el Arsenal… qué decir del diezmado e insípido grupo de ¿pusilánimes? que dirige Arsene Wenger.
 
 
Justamente todo este panorama pudiera haber cambiado diametralmente si la madurez no le hubiera dado a Wenger por ser tan cabeza dura. El Arsenal es, por mucho, un club más atractivo para Guardiola que el Manchester City, aunque allá trabajen sus amigos Txiki y Ferrán Soriano.
 
El Arsenal tiene historia, es un club que apuesta por hacer el futbol y no comprarlo hecho y ofrece también un reto mayor al ávido Pep: un equipo con eterno potencial pero sediento de títulos, justamente por la diferencia operativa con los otros grandes de la Premier League.
 
          LA HISTORIA PUDO HABER SIDO DIFERENTE: Guardiola quiso, pero Wenger no
 
Qué diferente hubiera sido todo si Wenger hubiera analizado con sensatez la situación del club donde ha dirigido por 20 años y se hubiera percatado de que es momento de dar un paso al costado, sobre todo para permitir la llegada de un manager que puede encajar perfectamente en la filosofía de la institución. Era una decisión de “ahora o nunca”, pues tentadoras ofertas al catalán no le iban a faltar.
 
 
Pero nos aproximamos a seguir viviendo la misma y monótona historia, con la tremendísima excepción de la presente temporada. El año que viene el Manchester City será el amo y señor del campeonato y el Arsenal seguirá consumido en la improductividad, en el desespero y la fatiga, todo como resultado de la tozudez de un egoísta y vetusto Wenger.
 

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