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La crisis del Chelsea, ¿culpa de Mourinho?

 
STOKE-ON-TRENT, Inglaterra.- La situación del Chelsea ha llegado más abajo del fondo con la derrota en Stoke y ahora mismo el objetivo del conjunto comienza a ser, curiosamente, la permanencia. Como bien dijo Mourinho hace algunas semanas, la competencia en la Premier es tan fuerte que no otorga un solo partido fácil y nadie mejor que él para sufrirlo en carne propia.
 
Realmente es un misterio cómo un equipo sólido en la defensa, funcional y goleador se ha desinflado con el mero paso del verano. El Chelsea no es entonces ni tan fuerte como lo demostró en la temporada pasada, ni tan débil como la paupérrima imagen que está dejando en estos momentos. 
 

 
Suerte aparte, ¿cuáles pueden ser las principales causas del desmembramiento?
 
Por más que la influencia del técnico sea relevante en el funcionamiento de un equipo, son los jugadores quienes tienen el mayor protagonismo. No es poco común ver como algunos futbolistas pierden completamente su nivel con el paso de pocos meses, o justamente a la inversa, se vuelven imprescindibles casi de la nada.
 
En el Chelsea está ocurriendo lo primero en una proporción jamás antes vista: los jugadores más estables y de mejor rendimiento se han venido abajo a la vez. Branislav Ivanovic, Eden Hazard, Nemanja Matic, John Terry, Diego Costa y Frances Fàbregas son quizás los ejemplos más ilustrativos. Cuesta trabajo encontrar otro conjunto donde la utilidad individual de sus estrellas haya ido de un pico máximo a su mínimo posible en tan poco tiempo.
 
 
Ellos mismos lo han reconocido y la cancha habla por sí sola. Hazard no causa estragos y no ha marcado aún en tres meses de temporada, la defensa concede goles de todo tipo y el centro del campo ya no es esa zona segura donde el Chelsea detenía a sus oponentes y comenzaba sus letales cabalgadas.
 
Parte de la responsabilidad la tiene el cuerpo técnico, eso sí, por no haber encontrado la manera de recuperarlos, pero ¿no es acaso la propia actitud de los jugadores el factor primordial para regresar a su nivel acostumbrado?
 
En la temporada pasada el Chelsea mostró un futbol muy efectivo, coherente y sustentado en una base visible y aparentemente poderosa. La presencia de interiores muy hábiles en defensa como Willian y Hazard le permitía defenderse con muchas piezas, atraer a los rivales y luego golpear los espacios dejados en el fondo. Todo porque el orden defensivo y en la contención se lo permitía. Existía un estilo y una idea brillantemente ejecutados.
 
Pero la suerte está muy metida en este deporte y todo no siempre te va a salir a las mil maravillas. En el comienzo de esta campaña el Borussia Mönchengladbach perdió los primeros seis partidos con Lucien Favre, el hombre que los había conducido a tan buenas actuaciones en los últimos años, pero desde su renuncia ganó seis encuentros consecutivos en la Bundesliga y empató dos veces con la Juventus bajo el mando de su asistente, Andre Schubert. ¡Quién lo entiende!
 
También existe el componente de la propia adaptación de los rivales al modo de jugar del Chelsea y la aparición del antídoto, aunque es difícil que dicha vacuna haya sido sintetizada en tan poco tiempo. Por ejemplo, los rivales tardaron unos tres años en hallar el modo de aniquilar al Barça de Guardiola, quizás el equipo más poderoso del futbol post-moderno.
 
Achacable a Mourinho es también la falta de alternativas para ejecutar un plan B funcional, -o incluso, C-, si la variante principal pierde su efecto. Pero con tantos hombres rindiendo como amateurs, ¿es posible hacerlo?
 
A lo largo de su mediana carrera Mourinho no se ha encontrado con demasiadas situaciones de este tipo. Esta es, por mucho, el momento más crítico de su vida. Y quizás esta falta de experiencia le esté pasando factura a la hora de dar con la solución. 
 
 
Dirigir a equipos omnipotentes en sus ligas y en Europa es una tarea enriquecedora, pero las enseñanzas que adquieres cuando peleas por no descender o por quedar entre los cuatro primeros con una plantilla carente de cracks y sin la chequera de Abramovic, te nutre más que ganar una Champions o una Premier.
 
Cuando se presenta un bache así, el manager, es quizás injustamente, el punto más flojo de la cadena. No puedes despedir a una plantilla entera, sino necesitas traer a alguien que con una mente fresca pueda extraer el futbol que aún le queda en las piernas a esos futbolistas. 
 
 
El ego de Mourinho es tan grande que no le permite dar un paso al costado. Él se siente capaz de revertir la situación, con las armas suficientes para hacerlo, pero la vida le está demostrando que en ocasiones ser un “Special One” no alcanza. Hay veces donde la solución aparece en lo irracional, en un cambio, en un rostro nuevo que no exprima tanto, sino que libere y exorcice.
 
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