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Mercedes-Benz GT R, un auto de circuito para la ciudad

Cuando llega a tu puerta el Mercedes-Benz GT R para hacer una prueba de manejo, estamos hablando de vehículos especiales por muchos motivos. No tanto por el coste o la estética tan inusual, sino por el hecho de poder conducir una máquina cuyo hábitat natural debería ser un circuito.
 
Sin embargo, fabricantes como Mercedes-Benz siguen apostando, en colaboración con AMG, por desarrollar vehículos de ensueño, reservados para unos pocos privilegiados, es cierto. Pero durante una semana, he tenido la suerte de sentirme muy afortunado.
 
 
El modelo alemán se rediseño para 2020, una actualización que afectó a diferentes detalles estéticos, así como a diferentes ajustes en el chasis y supuso un equipamiento más amplio. Cambios, en definitiva, que sin ser trascendentales, dejan claro que estamos ante una evolución del modelo que se comercializó a partir de 2014. Las dimensiones de nuestro protagonista alcanzan los 4,55 metros de longitud por 2,00 metros de anchura y 1,29 de altura.
 
Si comenzamos por el exterior, las ópticas principales, con tecnología de diodos luminosos, lucen un diseño llamativo. La parrilla con lamas verticales y la zaga, donde podemos contemplar el difusor trasero y la cola de escape doble, con formato trapezoidal, ubicada en el centro, aseguran un aspecto amenazador, presente desde la primera generación.
 
Las llantas de aleación de 19 pulgadas, delante, y de 20, detrás completan un diseño despampanante. Ahora comprendes el motivo por el que este GT R Coupé ha nacido para devorar las curvas de un circuito, ¿verdad?
 
 
 
 
Pero otros detalles refuerzan esta afirmación. Por ejemplo, la puesta a punto del chasis y la suspensión denotan que hablamos de un superdeportivo en mayúsculas. Tampoco conviene olvidarse de las diferentes piezas de fibra de carbono que refuerzan la rigidez del chasis, así como las diferentes piezas de material compuesto, presentes en la carrocería, que aseguran un peso privilegiado en la báscula.
 
Llegamos al apartado mecánico y mi asombro no decae un ápice. Debajo del capó nos encontramos un bloque con arquitectura V8, dos turbocompresores, 4,0 litros de cilindrada y 550 caballos de fuerza.
 
El par motor llega a 700 Nm entre 1.900 y 5.500 rpm, lo que asegura el casi infinito empuje que podemos apreciar nada más iniciar la marcha y apretar con decisión el pedal del acelerador. La directora de orquesta es la caja de cambios automática de doble embrague con siete velocidades AMG SPEEDSHIFT DCT, encargada de canalizar la fuerza del motor hacia el eje trasero.
 
Lógicamente, las prestaciones resultan excepcionales, como demuestran los 250 millas por hora de velocidad punta o los 3,6 segundos que necesita para pasar de 0 a 100. Poco más se puede añadir.
 
Accedo al interior y nada más sentarme en los magníficos asientos de tipo baquet, constato que mi cuerpo se amolda a la perfección a unas 'butacas' con estructura aligerada y aspecto absolutamente incómodo. 
 
La instrumentación analógica denota que estamos ante un deportivo tradicional, mientras que la tecnología queda reservada para la pantalla del sistema de infoentretenimiento COMMAND ONLINE, con un tamaño de 10,3 pulgadas.
 
En la consola central encontramos todos los mandos necesarios para gobernar diferentes elementos, incluido el control dinámico de la conducción AMG DYNAMIC SELECT, que incluye diferentes programas predeterminados: C (Controlled Efficiency), S (Sport), S+ (Sport plus), I (Individual) y RACE.
 
También apreciamos mandos específicos para modificar la dureza de la amortiguación o activar los escapes deportivos. Es cierto que puede abrumarnos la cantidad de selectores que se congregan en poco espacio, pero la verdad es que después de un breve periodo de adaptación, todo se identifica de un simple vistazo.
 
De hecho, la razón de ser del GT R es conseguir un vehículo con una dinámica privilegiada, sustentada en un potente motor y un peso lo más reducido posible. Vaya por delante que el GT R no es un vehículo destinado a ser conducido por cualquiera, mucho menos si no tiene experiencia o unas nociones mínimas.
 
El GT R puede ser un automóvil muy válido a la hora de circular rápido por carreteras reviradas o de montaña. A cambio, requiere de toda nuestra atención y una buena dosis de concentración.
 
Lógicamente, para alcanzar un público más amplio, Mercedes-Benz incluye de serie numerosas ayudas a la conducción, en forma de control de velocidad adaptativo, sistema de alerta por cambio involuntario de carril, otro de mantenimiento de carril, el de alerta del ángulo muerto o el de frenada de emergencia PRE SAFE.
 
Elementos necesarios y muy útiles en el 99% de las ocasiones de uso diario. Ese 1% nos lo reservamos para cuando podamos acceder a un circuito, desconectar todas las ayudas y disfrutar del verdadero potencial del modelo alemán.
 
Aunque parezca obvio, el AMG GT R acelera con mucha contundencia y frena con la misma decisión. En este sentido, nuestra unidad de pruebas equipa los frenos carbocerámicos opcionales, de 402 milímetros, en el eje delantero, por 360 milímetros, detrás.
 
Incluso sometiéndolos a un uso intensivo, la capacidad de frenada y mordiente de los mismos, resulta asombrosa y eso se agradece cuando debajo de nuestro pie derecho tenemos 550 caballos disponibles.
 
La entrega de potencia puede parecer que se realiza de forma brusca y es uno de los puntos a mejorar en este Mercedes-AMG. Lo mismo sucede con la dirección, más asistida de lo deseable y poco informativa para un vehículo de estas características.
 
Solo al seleccionar el modo deportivo, conseguiremos ese aumento en la resistencia al mover el volante, mucho más convincente. Por lo que respecta a la caja cambios de doble embrague, debemos aprobar su funcionamiento, aunque no destaca especialmente en ningún apartado frente a la competencia. Cumple con lo esperado e invita a manejarla con las levas ubicadas detrás del volante en el 90% de las ocasiones. 
 
Si algo malo hay que destacarle son los $190.745 que cuesta, de inicio, el Mercedes-AMG GT R Coupé. Pero eso no es culpa del auto, si no de uno, que no los puede pagar.

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