Martín Onti: Messi, Cristiano y solo un par más

MADRID, España.- Todo apunta a un cambio radical a partir de recuperar la normalidad en los calendarios futbolísticos. Si en algo positivo, desde nuestra perspectiva deportiva, quisiéramos centrar esta revolucionaria pandemia en pleno Siglo XXI que tanto nos afecta a todo nivel, la temática humanística y social sería en la que debiéramos, sensatamente, hacer hincapié.
 
 
Más tarde o más temprano confiamos en que volveremos a la normalidad, a esa que creíamos eterna; la misma que nunca nos hizo sospechar que presenciar el fútbol sin que el miedo, la angustia y la desolación sea el común denominador del deporte fuese el eje principal que es hoy.
 
Sin embargo, este congelamiento forzoso del juego nos ha llevado a repensar en la totalidad de una infraestructura que resultaba esquiva en nuestros conceptos diarios. Ahora el tiempo, que nos sobra por castigo, nos sirve para tomar distancia con cada detalle que hace al fútbol, y en ello trepan a la superficie falencias sistémicas que las urgencias del momento nos impedían, no hace mucho, darle la importancia debida. 
 
Cuando hablábamos, que lo hacíamos, de las exorbitancias económicas, esas que pasan axialmente a través del planeta fútbol, el juego y su inmediatez nos metían de lleno en las necesidades que el mercado exigía y, así, el análisis correspondiente quedaba en un plano secundario.
 
Hoy, aquellas urgencias se han transformado dejando espacios vacíos que juegan a favor del pensamiento, de tiempos descomprimidos que nos llevan a deshilvanar la realidad y comprobar los estados tan opuestos a que el fútbol nos ha ido llevando.
 
A nadie extraña que el capítulo más crítico para mantener este comercio, son los desproporcionados emolumentos que mantienen el negocio. El dinero pasa así a ser parte esencial a tener en cuenta para la continuidad de este deporte. Llegados a este punto, ya nada nos puede alejar del objetivo analítico, y tratar el tema salarial se convierte en una necesidad inevitable.
 
 
Las cantidades de dinero que reciben los futbolistas pasa a ser aquí el centro desde el cual se parte. No se trata de ir en contra de que perciban excelentes sueldos, teniendo en cuenta el tiempo que están en la cumbre de sus cortas carreras y sus capacidades de protagonistas de una gala, pero a no ser un minúsculo puñado de jugadores, la gran mayoría no pasa de la categoría de complementos del espectáculo.
 
Lionel Messi, Cristiano Ronaldo y sólo un par más, podrían ser los líderes de un show llamado fútbol que sirve de esparcimiento popular, el resto -el mayoritario y amplio resto- no son comparables al último de los héroes que hoy se debate contra una maldición llamada Covid-19, y esto es menester comprender.
 
Martín Onti

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