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Martín Onti: Medio en serio y medio en broma

Martín Onti: Medio en serio y medio en broma

MADRID, España.- Si nos ponemos a cuantificar opiniones basadas en este cuarto Balón de Oro 2016 que France Football terminó otorgando a Cristiano Ronaldo, el resultado inclina tanto la balanza en dirección al descrédito y a cierta vergüenza ajena, que el resto de los postulados tendrían que sentirse beneficiados al no ser objeto de la mofa general del fútbol mundial dejándole ese lugar de privilegio al delantero portugués del Real Madrid.

A tenor de lo hecho por unos y otros a lo largo de la temporada, sólo el favoritismo de cierto sector del periodismo deportivo justifica el trofeo que tan alegremente festeja Cristiano Ronaldo. Los logros del atacante merengue y de la Selección de Portugal no pueden ser seriamente tenidos en cuenta, amén de sus goles, si de actuaciones individuales uno depende para aceptar el pretendido significado de la elección.

A decir verdad, siendo tan realistas como imparciales, pensando que los votos fueron producto de las conquistas personales con su club y seleccionado nacional respectivamente y teniendo en cuenta las reacciones del ambiente futbolístico mundial, me animo a contradecir la premiación que otorgó, ahora en desavenida soledad, el medio francés. 

Veamos, con el Real Madrid en la final de Milán, por la Champions League, Cristiano tuvo apenas una actuación mediocre ante el Atlético de Madrid donde sólo marcó a través de un penalty en la decisión postrera desde el punto fatídico de los once metros. En París, por la Eurocopa 2016, donde sólo acertó a jugar decorosamente bien un sólo partido y quedar afuera del cotejo final ante la Francia de Didier Deschamps, con lo cual poquísimos de los méritos del primer título internacional de Portugal podrían endilgársele razonable y justificadamente a CR7.

Así pues, se puede comprender que tras conocerse al ganador del France Football 2016 la respuesta del ambiente general del fútbol internacional se encargara más de burlarse de lo que suena a una patraña organizada por amigotes que felicitar a Cristiano Ronaldo, y eso, no es más que un toque de atención a la falta de seriedad que trasluce la entidad, los votantes, y el sistema actual de elección.

Eso sí, queda, para algunos que se guíen por las estadísticas imborrables, que Cristiano Ronaldo ganó su cuarto Balón de Oro en una temporada donde lo atípico tuvo mayor importancia que la validez futbolística dentro de un campo de juego. Una especie de fraude moral de inapropiada aceptación, para otros, que en el futuro puede acarrear serias consecuencias para los ahora solitarios organizadores de dicho evento.

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