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Martín Onti: Made in China

MADRID, España.- Todo sabía mal desde hace tiempo para el fútbol, me refiero a aquel juego en que lo importante es jugar en las mejores ligas, destacarse entre los que más saben y sobrevivir en las plazas más selectas, sin embargo, el "tufillo" de que algo cambiaría en ese concepto soplaba desde los confines de tierras asiáticas, allí donde el fútbol es evidentemente inferior al occidental y donde sólo el poder del dinero equilibra ostensibles diferencias en un campo de juego.
 
Durante el último lustro se ha hablado mucho del fútbol en China y del desarrollo de este a costa de variantes que sacrificaban, en cierta manera, al fútbol de Europa. Los horarios bizarros, por ejemplo, para poder ver los partidos del Viejo Continente allí en convenientes tiempos comerciales, significaba la aceptación a un despropósito para abrir un incipiente y nuevo mercado en Asia.
 
La implementación de las variantes para que el atractivo del fútbol tuviera cabida del otro lado de los océanos, necesitaba de esa paciencia percusora que ancestralmente a los orientales les sobra, sumada a un complemento monetario que han sabido reconducir basados en su no menor experiencia comercial desde los tiempos de la seda.
 
Poco a poco, con su consabido estilo, el fútbol de China continuó en su persistencia. Inversiones en territorios "anexables" comenzaron siendo el modus operandi en un inicio. Grandes cantidades de dinero en adquirir acciones de clubes e imposiciones desde la autoridad que les legaba el mismo, marcaron el despertar del gigante asiático. Luego llegaría el tiempo de las contrataciones de extranjeros para darle volumen al espacio propio.
 
Los nombres, hasta la contratación de Carlos Tevez inclusive, no han sido todo lo prometedores de una atracción tan ansiada y esperada. Lo habían intentado con muchas figuras desfiguradas como los brasileños Oscar y antes Hulk, el colombiano Jackson Martínez, el argentino Ezequiel Lavezzi, y hasta dentro de los técnicos, con el Campeón del Mundo 2002, Luiz Felipe Scolari. Todo ello sin despertar una mejora en el mediocre nivel de su fútbol, algo así como lo sucedido en el Soccer estadounidense décadas atrás con mejores promesas futbolísticas.
 
En realidad, si uno se pone a estudiar este fenómeno que se enmascara detrás de una pelota de fútbol, se podría dar perfecta cuenta de que los motivos primordiales están tan alejados del deporte en sí como cercanos a la mercantilización del sistema que necesita producir y vender para mantener la maquinaria comercial perfectamente aceitada a través de la pantalla de televisión, y para ello, el fútbol es el producto más eficaz en la consecución de tales objetivos.
 
 

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