Martín Onti: Los representantes del mal

Mucho tiene que ver en la descomposición nauseabunda en que ha entrado el fútbol, la representación de jugadores por parte de sicarios del balón al servicio de sus propios intereses. La irrupción de agentes en el negociado de futbolistas al servicio de sus propias carteras, no ha hecho más que disparar el demérito moral de un deporte sumido en consecuencias nefastas.

Hablábamos no hace mucho de desenlaces fatídicos a los que son conducidos ciertos deportistas que no pueden medir sus presentes. Obnubilados por sus más que saludables cuentas bancarias, muchos de ellos no tiene el tino, ni la ayuda desinteresada y necesaria, para medir momentos que les superan por falta de una preparación adecuada afrontando una vida para la que no fueron diseñados.

Es aquí donde una larga lista de ‘agentes’ que a priori y de repente pasan a velar por la sanidad económica de sus representados, deja de echar claridad y bienestar sobre la simplicidad de jóvenes ávidos de fama, y todo lo que les conduce al placer inmediato, fácil y engañoso que el poder del dinero otorga, toma un lugar con prioridades de acotadas razones.

Nombrar a estos habitantes de hoteles lujosos, comensales de restaurantes con glamour y amigos de la ocasión, de poco serviría para destacarles desde la avaricia de sus intervenciones. Para el caso, da lo mismo quienes son.

El fútbol se ha vuelto complejo y de ello puede dar muestra la contemporaneidad de la que ya es imposible escapar. No podremos, por más que lo intentemos, tapar el sol con un dedo. Ya no hay escapatoria para el desarrollo in crescendo de un sistema mercantil en el que la pelota es el centro de ese mundo. Atemperar los daños significa poder discernir entre lo correcto y lo indeseable, entre el bien y el mal, y nadie parece estar por ello. 

Sé que es una lucha difícil de ganar. Sin embargo, la mención de uno de los orígenes del problema puede arrojar algo de luz sobre la oscuridad en que estos oportunistas criados a la sombra de sus conveniencias, podría significar un mínimo de esperanza para que la balanza vuelva a tener un daño equilibrado.

Hoy no se puede concebir el juego de las apuestas mercantiles sin precios exorbitantes, y menos en un mercado de piernas en el que los mismos futbolistas resultan ser también protagonistas. Nadie cuesta tanto por pegarle a un balón. Ni la calidad de Neymar, ni los goles de Jovic, tampoco la astucia de Griezmann, ni la experiencia del joven De Ligt, la fortaleza de Pogba o la velocidad de Mbappé merecen que se desembolse tantísimas y escandalosas sumas de dinero por ellos.

Finalmente, y en síntesis, uno no sabe muy bien a qué atenerse en un ambiente en pleno desequilibrio cuando descubre que cada uno resulta ser parte del todo y, a su vez, que todos ellos son representantes del mal repudiable.

Martín Onti

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