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Martín Onti: Lilian Thuram contra el sistema

MADRID, España.- En un artículo de apenas unos días atrás, destacábamos la sana intención del presidente de la UEFA, el esloveno Aleksander Ceferin, sobre la priorización de una eficaz intervención de las instituciones del fútbol europeo para colaborar con el control del creciente sentimiento de racismo, homofobia y violencia en los escenarios futbolísticos de la emancipada y progresista Europa.
 
Mencionábamos entonces el último epicentro de tales actitudes contra un jugador de la Juventus de Turín en la Isla de Cerdeña, más precisamente en la ciudad de Cagliari y en contra del delantero de origen marfileño Moise Kean. No creíamos prudente entrar en mayores detalles que se salieran del mensaje general que apuntaba a erradicar el mal desde la autoridad máxima de la UEFA.
 
Sin embargo, los coletazos de aquella situación aún continúan sacudiendo el mundo del fútbol europeo como lo expone Lilian Thuram, aquel ex defensor del Mónaco, el Parma, la Vecchia Signora, el Barça y campeón mundial con Francia en el ’98, exponiendo consecuencias en el deporte más popular del planeta donde parece que todo da lo mismo mientras el negocio del balón no sufra pérdidas económicas.
 
Es evidente que hacer un alto en este peligroso camino no está al alcance de cualquiera. Hechos que ya se hacen difícil de encubrir no nos dejan tirar de esa misma manta que silencie nuestras palabras y tape aquellos ojos ya abiertos, tal cual lo deja entrever en su actitud Aleksander Ceferin yendo un poco más allá de las políticas tan encubridoras como necesarias de quienes no alcanzan a distinguir entre las ganancias del mercantilismo y la pérdida de lo humanitario.
 
No correspondería achacarle todas las culpas al defensa Leonardo Bonucci, compañero de equipo de Kean, quien abre el problema por la arista más débil que se ha generado a raíz de aquel juego entre sardos y piamonteses en Cagliari, cuando le otorga culpas a la desafiante postura del joven italo-marfileño provocando a la grada, sino al sistema de la sociedad en la que ha crecido Bonucci, en la que también ha crecido Roberto Mancini, el seleccionador azurro, y Piero Giacomelli, el árbitro de aquel partido, que condenan soslayadamente con sus particulares puntos de vista la conducta de Moise Kean.
 
Atento a las palabras del francés Lilian Thuram, ‘La reacción de Bonucci es tan violenta como los gritos de mono de los hinchas. Es como cuando se produce la violación de una joven y aparecen personas que justifican a los violadores poniendo de relieve que la niña iba vestida de forma provocadora. Por gente de este tipo la lucha contra el racismo y la xenofobia está estancada’.
 
No todo debería dar lo mismo, más todavía en un momento tan delicado como el que socialmente atraviesa Europa y el mundo. Desde lo deportivo, y en un ambiente de creciente incertidumbre, nos corresponde dar respuestas fundamentadas en la imparcialidad que, como las de Ceferin, sumen y no resten.
 

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