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Martín Onti: Las empresas del balón

Si alguien aún no se ha enterado por dónde van los tiros en el desarrollo del fútbol moderno, es bueno que se ponga a revisar las estadísticas de Champions y Europa League. En estos torneos se han observado las diferencias que, temporada tras temporada, se acrecientan entre las instituciones europeas, esas mismas que sirven de modelo que se pretende imponer en el mundo de este deporte.

No creo que debamos hacer un feroz hincapié en las excusas basadas en el calvario físico de las exposiciones televisivas diarias, ni que estas sirvan para la diferenciación de una u otra liga, puesto que las exigencias corren en paralelo sin favores más que los que determinan el compromiso económico con que se asumen los retos.

Un punto de vista no indica que uno se sea el dueño de la verdad, pero bien puede servir de argumento a una idea desde sus razones sólidas. Hoy, el fútbol mundial ha cambiado sideralmente. En realidad lo viene haciendo hace un par de temporadas y pocos han querido verlo desde este ángulo. Las urgencias tienen su prioridad.

El comercio ha sido el motor que ha llevado al fútbol a tocar puertas a favor de algunos y en detrimento de otros. Visto mercantilmente, los inversionistas encontraron las claves para engordar sus dineros. El reto bien valía la pena porque el estudio de las posibilidades conducía a un éxito asegurado. Había que golpear primero y saber cómo hacerlo, y en este apartado se enfrentaban los más sabuesos.

Cuando las inversiones de Roman Abramovich mostraron cuál era el camino, los petrodólares le siguieron sin meditar un riesgo en progreso. El Chelsea marcaba el paso que los Sheikh Mansour y los Avram Glazer seguirían a sabiendas que la ecuación era una avalada consecuencia ganancial tras entidades de nombre como el Manchester City y el Manchester United. Ese fue el primer, arriesgado y necesario paso a dar.

El análisis del emplazamiento, luego, se correspondería con la inmediatez de los propósitos comerciales. Así aparecieron los Guardiola, los Mourinho, y los Klopp, que pudiesen darle una identidad a la plaza en cuestión. Lo más granado de la estrategia del fútbol llegaría para sustentar una gestión que empezó con el aporte económico y continuó con el crecimiento del proyecto futbolístico. Segundo e importante paso de cara al objetivo final.

El tercero y crucial fueron los trabajadores de esas empresas. La mano de obra, los futbolistas, empezaron a ser reclutados a sabiendas que las exigencias laborales serían hasta desfavorables para su salud física y mental, pero poco importaba esto al lado de los desconsiderados emolumentos que percibirían.

Inglaterra aceptó la invitación y es hoy incontestable primera potencia futbolística; Francia ha subido en el escalafón, aunque en la soledad de París; Alemania mantiene el nivel que la economía del Bayern puede sustentar; Italia está rota hace años y prueba con un aporte asiático que no quiere perder el tren mercantil; y España, pues… a España sólo le queda la presencia ocasional del Villarreal de Unai Emery como invitado inapropiado a una fiesta de manteles largos.

Martín Onti

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