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Martín Onti: Esperar es lo aconsejable

MADRID, España.- No es de utilidad tomar la lista del nuevo entrenador de la Selección de España tan en serio. El mundillo mediático insiste en tomárselas muy a pecho en sus pareceres contra la primera lista de convocados que da a conocer Luis Enrique Martínez, pero, no es el hecho de la crítica inmediata en lo que debe hacerse hincapié sino en la adivinanza de intenciones que imagino tiene el estratega asturiano para darle a ‘La Roja’ un aire distinto después del fracaso pronunciado que ha tenido esos últimos años, y sobre todo en Rusia 2018.
 
 
 
Eso sí, para los buscadores de pleitos de siempre, la ausencia de uno que otro -concretamente la  de Jordi Alba- levanta suspicacias que, tratadas en todo su alcance, podrían dar pie a justificadas razones conociendo los antecedentes de ese ‘desencuentro’ que hubo entre el lateral izquierdo azulgrana y Luis Enrique cuando este dirigía al FC Barcelona, su empleo anterior antes de este interesante desafío.
 
Pero, sacando ese ‘pequeño’ inconveniente, o incluyéndolo como intento hacerlo aquí, no se debería ahondar en el tema desde los desentendidos, sino tratar de sumar desde un análisis positivo interpretando los movimientos, o convocatoria en este caso, como alternativas a un proceso de mejoras en el equipo nacional.
 
El hecho de conocer el carácter de Luis Enrique lleva a mucha gente a adoptar interpretaciones de tono crítico. Haber dejado afuera de esta primera lista a futbolistas que para alguna gente tiene nivel de titularidad, ocasiona los inconvenientes que visten las páginas de algunos medios de manera quizás premeditada. Aprovechando ese concepto arraigado sobre la personalidad de un entrenador de conducta controvertida, los juicios aparecen como amenazantes, y eso no es lo que se necesita en este preciso momento para trabajar sin presiones.
 
Hoy vuelve a haber, en esta etapa, margen para el error. De ello se aprovecha el entrenador nacional y no hay que ver su gestión desde ningún otro punto de vista que no sea la intención de mejorar el aspecto general de un seleccionado que ha ido perdiendo identidad y confianza. Ya vendrán los tiempos de ajustes necesarios y entonces sí se podrá discutir con mayor precisión los aciertos o errores que se puedan cometer. Existirá espacio en abundancia para propuestas y exigencias como el regreso a las convocatorias de hombres que todos juzgamos como imprescindibles. Entonces sí los Alba, los Koke, Iaspas, etcétera, podrán tener prioridad y ser discutidos con fundamento.
 
Hasta ese momento y camino al amistoso de Wembley, después de los fiascos de la Copa del Mundo -los deportivos y los administrativos, aunque no sepa en qué orden- lo inteligente es darle la oportunidad a Luis Enrique de mostrar su propuesta para encarrilar el juego de España y también de devolvernos nuestras esperanzas.
 

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