Martín Onti: En caso más de locura

Justificarse abiertamente, como un niño inocente y a sabiendas de que se hizo algo incorrecto, no parece, a primera vista, coincidir con la aceptación de la culpa. O al menos esta ser tomada como un acto de indisciplina sin consecuencias que reconocidas por el autor de la afrenta no pase de una simple reprimenda. Con esto especulan los que conocen el comportamiento del ser humano, y debo reconocer que el técnico argentino Marcelo Bielsa maneja esta instancia cada vez mejor.

Bielsa está, o se me ocurre que está, camino a situaciones que traspasan las fronteras del pensamiento en cuanto a técnicas que involucran el punto límite de los hechos. Su inteligencia se lo exige y su saber lo respalda en el Leeds United inglés con el francés Salim Lamrani como interlocutor principal de sus ideas y ante el mínimo contacto que se genere con los medios de prensa.

Lamrani, que está con Bielsa desde su efímera etapa en el Rennes galo, y admirador incuestionable del argentino desde su paso por el Olympique de Marsella, es el ladero visible que pone voz al pensamiento del estratega argentino en la lectura de los conceptos ‘bielsianos’ que van más allá del fútbol en sí. 

Secundado casi magistralmente por su traductor, que no es asertivamente un traductor sino más bien un ‘intérprete’ de las complejas reflexiones de su empleador, quien sale con ventajas son las ideas del entrenador argentino que encausa en el fútbol una manera de pensar, de ser y de vivir. 

Caso extraño de locura, sin tener en cuenta en que lado se ubican los cuerdos en el mundo. Bielsa puede tener desbordes de conducta contenida para algunos y de descontrol y autoritarismo para otros, pero, la fidelidad a sus convencimientos es algo que no se le podrá negar jamás al margen de qué tan bien o mal lo haga en la conducción de un grupo que practique este deporte.

No importa, a esta altura de las circunstancias, qué tantos más casos de locura tengan a Marcelo Bielsa como protagonista en el contexto del fútbol mundial. Lo fundamental en el adiestrador rosarino es el respeto por su esencia y la aplicación honesta que su conducta le ordena.

En este caso particular, el último de la lista, y teniendo en cuenta que el juego es el objetivo final que justifica los hechos, espiar el entrenamiento del Derby County de Frank Lampard no tiene sentencia lapidaria si se lo compara con la deshonestidad que impera en este negocio llamado fútbol. En esto, debemos reconocer que lo de Bielsa es un juego de niños, y la sonrisa en la traducción de Lamrani un placer para los entendidos.

Martín Onti

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