Martín Onti: El fútbol que vendrá

Cuando este lunes en el Grand Palais de París se haga la entrega del Balón de Oro 2018, el prestigioso galardón que otorgará nuevamente en soledad la revista 'France Football', estaremos aterrizando en la pista que nos conduce a los nuevos días a que el fútbol nos enfrenta y preparándonos para abordar un destino por ahora desconocido.

Se descuenta que este año el ganador del trofeo marcará un rumbo diferente dentro de la consideración del juego moderno. Hay algunos indicios, desde hace unas dos temporadas, que han marcado este deporte desde lo poco perceptible incidiendo en el desarrollo de lo que se nos presenta hoy. Visto desde una perspectiva general para encontrar sanas opciones, lo que corresponde es observar atentamente primero, pensar en los hechos luego, e ir sacando acertadas conclusiones finalmente.

Este tema no es fácil de comunicarlo y que su influencia se comprenda con el beneplácito del mundo futbolístico. Nadie, o casi nadie, quiere pensar en dolores, en amargos momentos por pasar, o en tristezas con las que lidiar hasta que la nueva mentalidad otorgue fuerzas al desamparado emocional y lo devuelva a su condición de aficionado feliz. La negativa a un esfuerzo mayor para querer ver la realidad, en cierta manera, le sirve al entorno para navegar por aguas calmas sin atravesar límites conflictivos.

Ese proceso de incertidumbres es al que asistiremos en París este próximo 3 de diciembre, sin que eso signifique que  la entrega del galardón al mejor futbolista de la temporada pasada vaya a ser el final de un evento anual, sino de un ciclo que algunas estrellas cumplen y que deberemos aceptar más antes que pronto.  

No se ha dado a conocer al ganador –a los ganadores para ser más concreto- y eso podría llevar implícito un error personal de mi parte al adelantarme con la escritura de este artículo. Sin embargo, el fondo del tema que me interesa tratar aquí, apenas si pasa tangencialmente por esa equivocación, en el hipotético caso de que exista un yerro en dicha apreciación.

El centro de mi debate, para llegar a este punto, han sido las últimas dos temporadas del fútbol mundial. Durante ese lapso uno ha ido ‘apreciando la depreciación’ a sabiendas que después de esta temporada ya se haría muy difícil que el fútbol volviese a ser el mismo que hemos visto ir muriendo de a poco en quienes gobernaban este deporte camino a la obtención del Balón de Oro. 

A partir de ahora, ese baremo de medición, en el rango de la equiparación futbolística, ya no tiene, ni tendrá, a los mismos personajes en la dimensión acostumbrada. Este será otro juego, de diferentes, y a no dudarlo, de distintas características a las que el aficionado deberá ir acostumbrándose con el paso de ese mismo tiempo que va matando a Lionel Messi y a Cristiano Ronaldo. Algo lógico, porque ese proceso es, irremediablemente, parte del fútbol que vendrá.

Martín Onti

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