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Martín Onti: El eje profundo de España

Recuerdo el inicio. Pocos creían que aquella Selección de España que entrenaba Luis Aragonés fuese a ser reconocida como pionera en el desarrollo del fútbol moderno. Un ejemplo a seguir tras la impronta del ‘Sabio de Hortaleza’ dejando su sello en la historia de este deporte con títulos que hoy se buscan reconquistar de la mano de Luis Enrique Martínez.

Pasó Vicente del Bosque con sus conquistas y, aunque fugazmente, también Julen Lopetegui y Fernando Hierro con sus intenciones de mantener la alegría de una propuesta de identificación propia. España se gustaba y agradaba con su juego. Era placentero ver una gestión alegre en búsqueda de triunfos y a sus jugadores integrados al objetivo de ganar desde la convicción de una postura futbolística.

Pero todo suele tener un final de ciclo. Muchas podrían ser las causas, desde el hartazgo en un mundo de continuas nuevas demandas, hasta la destrucción que el adversario propone al dominio del virtuoso. Cuando esto ocurre, las variantes y un cambio de mentalidad son la mejor herramienta para la desestabilización de quienes intentan poner un coto al éxito del que prevalece como lo hacía aquella triunfante España.

Posterior a la conquista de la Eurocopa de Polonia y Ucrania, en el 2012, y tras ganar el mundial de Sudáfrica del 2010 en que ‘La Roja’ se llevó el título por su marcada superioridad sobre el resto de sus contrincantes, se tocó techo sin saberlo. Hubo un estancamiento en el desarrollo del juego y la previsibilidad de su fútbol fue haciéndose presa de la superación por parte de sus rivales. Sumado esto, claro está, al retiro de piezas claves como fueron Xavi Hernández, Xabi Alonso y David Villa entre algunos otros, se entró en un periodo de desconcierto general del que se intenta salir ahora con el flamante técnico asturiano.

Maestros en el arte de la lateralización, en el inicio de la estrategia desde su portería, con velocidad de sus laterales y cambios de ritmo desde la línea media hacia adelante, Luis Enrique intenta agregar a lo existente ese eje profundo que probó ya cuando dirigía al Barcelona para darle al seleccionado nacional una identidad de mayor perfil ofensivo.

Al menos en el comienzo de esta nueva etapa, la mano de su estratega le otorga a España una lectura de juego superior. Ni la solidez de Inglaterra en Wembley, ni tampoco la calidad sorprendida y vapuleada del subcampeón del mundo, Croacia, han podido en esta Liga de Naciones de la UEFA contrarrestar la profundidad y efectividad de juego español. Con un novel plantel de jóvenes promesas como artífices de un cambio que ilusiona, por ahora, Luis Enrique tiene un cheque en blanco.

Martín Onti 

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