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Martín Onti: El cúper de siempre

EL CAIRO, Egipto.- Aquella célebre frase del dramaturgo germano Bertolt Brecht que dice ‘Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles’, acompañará al entrenador argentino Héctor Cúper hasta el final de sus días.

A su conocido tropiezo en Argentina, donde se recuerda el Torneo Clausura del 94 perdido en el último partido al mando de Huracán, sumado a las dos Champions League que perdió consecutivamente con el Valencia en las temporadas 2000 y 2001 y una Copa del Rey y una Recopa con el Mallorca, más la mala experiencia del Calcio italiano en el 2002 con el Inter de Milán y el desaparecido Parma, además de sus aventuras no muy positivas en los Emiratos Árabes, en el fútbol turco con el Orduspor, en el Aris Salónica griego, en el Racing de Santander y el desastre en Georgia… la final de la Copa de África que acaba de perder con Egipto ante Camerún en Gabón, viene a ser la pesada lápida que debe sostener el estratega sudamericano en su carrera deportiva.

Consta en los archivos futbolísticos que Cúper ha sido subcampeón ocho veces, con seis finales perdidas a partido único, y eso pinta una situación tan mísera a ojos de los estadistas del fútbol, que darían por tierra con la mínima intención de demostrar lo contrario desde la frialdad de los números.

Sin embargo, y aun así, el entrenador argentino jamás se ha rendido y siempre ha continuado trabajando a destajo probando que equipos con mediocre capacidad y sin objetivos, eran capaces de conseguirlos con él.

A favor del técnico santafecino, habría que destacar que sacó campeón al humilde Lanús de Argentina en la Copa Conmebol de 1996 y que llevó al Mallorca y al Valencia a imponerse en las Supercopa de España de los años 1998 y 1999 respectivamente, sin dejar de mencionar el respeto y el renombre que proporcionó a aquellas instituciones en las que entrenó.

A veces un segundo puesto, para algunos equipos, tiene una significancia tan o más propia que la de un primero, y más todavía cuando se trabaja al lado de un hombre de bien y principios inquebrantables como Héctor Cúper, el Stirling Moss del fútbol mundial.

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