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Foto: Imago7

Martín Onti: Dibujos Animados

BUENOS AIRES, Argentina.- Cada día que paso interesándome de lo que sucede en el mundo del fútbol más me convenzo que regresar a la niñez, aunque sea a través de los recuerdos, se transforma en una terapia de contención para soportar las injusticias a que atenerse en este deporte. Está tan corrompido el ambiente donde gira el balón, que se hace difícil discernir con claridad entre el bien y el mal. Sin embargo, lo sucedido en Argentina estos días ni siquiera me deja esa opción de duda para darme cuenta de la ligereza existente entre los que parecen buenos y los que son malos. 
 
 
 
 
Daniel Angelici, el presidente de Boca Juniors y amigo íntimo del Presidente de la Nación, Mauricio Macri, quien fue el máximo dirigente de ese club durante 12 años, ha quedado al descubierto cuando dos grabaciones difundidas por un conocido canal deportivo en Argentina, exhibieron con crudeza hasta donde puede influir un hombre cercano al Poder en decisiones cruciales cuando se trata de favorecer a su institución con sólo levantar el teléfono.
 
No sólo las pruebas son elocuentes cuando se escuchan los audios correspondiente, que también involucran a otros corruptos directivos del fútbol argentino, sino que además, y como si fuese poco bizarro, Angelici reconoce sin vergüenza alguna en una entrevista, posterior a los sucesos, que tales hechos son verdaderos y que aún así, los volvería a hacer por el bien de la entidad que preside.
 
 
 
 
Con todo este dantesco escenario en la consabida realidad futbolística argentina, reconocida esta públicamente y sin reparos por el mismísimo mandamás de Boca Juniors, el dirigente no ha hecho más que exponer sus ‘normales y lógicos’ argumentos dentro de la permisividad contemplada en el fútbol de aquel país, para que sus detractores políticos le vean como un elemento muy cercano al Gobierno de Macri y sea este un punto más de rechazo por parte de una sociedad ya cansada de tantos consentimientos a los poderosos.  
 
Por ello, quizás, sentarse a ver dibujos animados sea la solución menos dolorosa hasta que Mickey Mouse resucite a Walt Disney para recién entonces volver a ver, sin la conciencia maltrecha, un partido de fútbol sin que se nos cruce por la cabeza que quien más corrupción siembra, más trofeos cosecha.
 
 

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