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Martín Onti: Detrás del balón de oro

En esta senda, el fútbol, que puede ser considerado el nexo de masas más popular del planeta, va camino al ostracismo. Nos agrade o no, esto es en lo que ha degenerado la actual situación por la que se atraviesa este deporte que algunos no quieren ver, porque muchos otros trabajan para que no se vea. Ya sea con los grandes eventos como el Balón de Oro, las nuevas sugerencias de una Copa del Mundo cada 2 años, o la elitista Superliga Europea, el propósito es extender los dominios del poder económico para un sólo lado, hacia el de los poderosos transformados en probos intachables.

Cualquiera de nosotros que atienda las noticias generadas por los medios en general, y de los deportivos en particular, notará los ‘esfuerzos’ en guiarnos a través de la información rumbo a focos que se intenta destacar. Contados con los dedos de una mano podría alabar a algunos, pero no me alcanzarían pies y manos, todos juntos, para señalar a quienes nos enfocan en dirección contraria.

Estas semanas han sido, con el advenimiento de los posibles candidatos al Balón de Oro, un ir y venir de propuestas orquestadas para el favor soslayado detrás de ciertos nombres.

Como posibles premiados, están los ya eternos Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, en una lista que comparten el polaco Robert Lewandowski, el francés Karim Benzema y el italo-brasileño Jorginho. Dentro de los 30 candidatos, estos, con la anuencia de otros apellidos ‘ilustres’ como Neymar, Mbappé o Haaland, son los mejores postulados al premio que será entregado el venidero 29 de noviembre en París.

Mientras tanto, es tiempo del ‘Paripé’ apropiado. Detrás del por esto siempre habrá un porqué. A tenor de ello, nadie ignora que todo es parte del ‘circo’ que se necesita montar para el espectáculo; tal cual el encuentro previo de dos boxeadores que necesitan promocionar una pelea. El acto final exige la sangre previa, a mayor sangre mejor éxtasis en un público conducido al masoquismo.

Y así, aparecen Sir Alex Ferguson y el ManU a espaldas de CR7; el mismísimo Barcelona avalando a Messi (¡¿?!) para su 7º trofeo en el medio de su propio infierno; del Bayern de Múnich aferrado a los goles de Lewandowski para mantener el reino de la Bundesliga; del Real Madrid, y el mismísimo Benzema, sosteniendo la candidatura del galo para justificar la inversión del nuevo Santiago Bernabéu; la de Jorginho desde los intereses de Brasil, de Italia y de Inglaterra con la Premier League en plan supremo, sumadas a las de Neymar, de Mbappé, de Haaland, e incluso a las de esperanzas intactas de Kanté y la utópica de Luis Suárez.

En el fondo, abonarse a los viejos momentos de gloria que suele retener la memoria, es el objetivo que se persigue. El negocio del fútbol va decreciendo y mantenerlo en auge precisa del ingenio a que se prestan casi todos dentro de este círculo… y cuando aquí hablo de un ‘círculo’, no me refiero a la redondez de la pelota precisamente.

Martín Onti

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