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Martín Onti: De vida o muerte

MADRID, España.- Metafóricamente hablando, uno puede decir que posicionarse entre la vida y la muerte es lo que debe haber pensado Cristiano Ronaldo para rechazar la propuesta del fútbol chino. Permanecer en Europa, desoyendo el canto de las enriquecidas valquirias asiáticas, ha sido la mejor decisión del atacante portugués para mantenerse con vida competitiva en un medio idóneo para ello.

Seguramente los 300 millones de euros que un club de la Superliga china le ofrecía al Real Madrid por el traspaso, y 100 millones al año para el Balón de Oro 2016, eran una tentación económica que seducía mucho más a su representante, Jorge Mendes, que al mismo CR7 y por ello ni siquiera, dicen, se contempló la alternativa de someterlo a estudio.

Futbolísticamente hablando, el actual momento del delantero luso del Madrid no pasa por su punto más esperanzador, muy a pesar de su reciente galardón dorado y la posibilidad de competir por el nuevo y comercializado premio ‘The Best’. Cristiano Ronaldo -lo venimos diciendo hace ya un buen par de meses y lo sigo sosteniendo- no es el mismo depredador de área a área que supimos disfrutar hasta principios de la temporada pasada.

Sin embargo, una dosificación de esfuerzos podría ser la mejor alternativa para aletargar la merma de rendimiento físico, que es en lo que se basa su poderío de juego, y poder así continuar en el nivel competitivo que le permite a su ego seguir discutiéndole a Lionel Messi la condición de mejor jugador del mundo y al fútbol español mantener el interés de contar con las dos mejores figuras, hoy por hoy, del firmamento.

Haber accedido a ser el más millonario de todos los futbolistas del Universo emigrando al fútbol chino, automáticamente le hubiese dado a Cristiano la jubilación inmediata con un balón a sus pies y les puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que ese hubiese sido el peor castigo en vida para él.

Mientras tanto, sigue China armando alboroto adentro y afuera de sus límites territoriales hasta que la cordura del fútbol comprenda que el juego en sí todavía contiene tintes de decencia deportiva, aunque a quienes lucran con las transacciones de piernas no les sea tan fácil admitirlo.

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