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Martín Onti: Correr o no correr

Veía un video de esos que los amantes del fútbol puritano cuelgan en las redes para justificar la belleza por la belleza del juego en sí, o al menos de lo que ellos entienden por elegancia futbolística en sí, y no podía dejar de sorprenderme de la persidad de opiniones que se barajan al contemplar los conceptos que el fútbol contemporáneo demanda del éxito. Un fanático argentino le atribuía a Louis van Gaal el final de los días de su ídolo, Juan Román Riquelme, en el Barcelona que el holandés dirigía, a lo que este contestaba: Por no correr.

Existe el triunfo como objetivo final, es verdad, sin embargo las maneras de ganar un partido tienen muchas alternativas para llegar al cómo lograrlo. Hay gente que sólo piensa en la victoria a costa de los riesgos que corresponda hacer para ese fin, y otros que sienten la necesidad de hacerlo a través de un juego vistoso y convincente. Para algunos la fina línea de entender el disfrute del juego es la que marca la alegría o la tristeza.

La discusión, es decir, la diferencia de criterios con respecto a los objetivos que originan los desacuerdos, tiene que ver directamente con los conceptos que se tengan por parte de quienes programan una estrategia. Los encargados de ser juzgados por la historia proponen un orden táctico a cumplirse y luego el juicio dictamina, según los gustos personales, si la decisión ha sido la correcta o no.

Es también cierto que las épocas tienen mucho que ver con la conceptualización futbolística y la manera de enjuiciar al fútbol. Está claro que no compararemos los años en que Di Stéfano, Pelé, e incluso Cruyff, jugaban, con los más actualizados en los que brillara Maradona, o los de hoy en día en que Messi muestra su hegemonía.

Sin embargo, y aunque nos basemos en los conceptos fundamentales del fútbol, la cuestión se centra en dilucidar no ya un método de juego, sino cómo ejecutarlo desde la actitud, si se quiere, dictada desde el cuerpo técnico o desde los encargados de bajar la línea de propuesta, gestión y ejecución para el logro de la felicidad deportiva, exagerada y mundanamente así explicada la dicha para comprender el alcance del objetivo planificado.

Pues bien, por esta razón primordial es que Van Gaal tuvo que explicarle a aquel aficionado argentino por qué cuando él dirigía al Barcelona, el excelente futbolista que fue Riquelme tuvo que dejar la institución blaugrana camino al Villarreal. En ocasiones no tiene que ver la demostración de la técnica básica inpidual con las aptitudes, sino con la actitud de ponerlas de la mejor forma al servicio de su equipo.

Correr o no correr es un tema para, al menos, hablarlo con un café de por medio. Hay quienes son útiles dejándose el alma en cada carrera y otros que necesitan, como Riquelme, tener la pausa física que su cerebro necesita para inventar el juego que de ellos se espera. Cuestión de entender y sentir el fútbol.

Martín Onti

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