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Playera del Barcelona. EFE

Martín Onti: camisetas con diseño

MADRID, España.- Desde hace muchas, muchísimas temporadas, el aficionado tuvo que acostumbrarse a ver camisetas de nuevos diseños y esa moda transformada en una tradición aceptada, devino finalmente en un hábito relacionado directamente al dinero. Al seguidor de un club, que se ha ido amoldando a esa rutina impuesta por los directivos campaña tras campaña, sólo le ha quedado la identificación con la nueva indumentaria aceptando las reglas del juego.
 
Nadie pregunta a nadie, ni siquiera en aquellas entidades donde las masas societarias aún tienen un cierto poder de levantar su mano en señal de desacuerdo si algo no les apetece. Sin embargo, de tantos y metódicos cambios han debido aprender para hacer silencio, porque la velocidad del mercantilismo impone ese mutismo y el aplauso posterior que conduce al consentimiento de las decisiones institucionales.
 
Las modificaciones en el diseño de las vestimentas de cada club alrededor del mundo, se han establecido como parte de un negocio que ya no tiene freno posible. Hay equipos de gran trascendencia que ni siquiera esperan, inclusive, el inicio de la temporada siguiente. Como ejemplo, allí tenemos a la Juventus de Turín que presentó sobre el final de este último campeonato que acaba de obtener en el calcio italiano, su nueva camiseta, aberrante opinan algunos, para la campaña entrante.
 
Otros, como el FC Barcelona por ejemplo, deciden esperar la presentación para la temporada que viene no sin anunciar y promover su nueva playera con anticipación para darle tiempo al público a digerir con paciencia el mal gusto de una decisión que divide a la grada en la opinión sobre el diseño de turno.
 
Muchos otros equipos alrededor del mundo, la gran mayoría diría yo, y por imposición de sus inversores, modifican su uniforme original, pero, sin una reforma tan llena de esa infidelidad que puede llegar a causar espanto en su afición. Sí, algunos cuidan unas mínimas normas.
 
Una buena manera de agradecer el paciente estoicismo de una grada que ya sufre con muchos otros privilegios alterados, como el excesivo precio de las entradas, la tirana disposición de unos horarios ajustados a la necesidad televisiva y el caprichoso calendario en días de semana inconveniente para muchos, sería el de tener en cuenta un detalle como el de un buen diseño de camiseta.
 
Ya acostumbrados al modernismo comercial en que ha encallado el fútbol hace ya muchos años, no queda otra que desear que, al menos, ese diseño indumentario sea de aceptación para la mayor cantidad posible de simpatizantes de tal o cual institución. Visto lo visto, es lo menos que se puede pedir.
 

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