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Martín Onti: Cambios o continuidad

El fútbol mundial nos lleva a tener la impresión de que está en plena etapa de cambios. Uno asiste a situaciones que nos llevan a pensar que algo ha ocurrido sin que nos demos cuenta, que comprender el juego hoy en día pasa mucho más allá del juego mismo. Con lo que hemos visto tras la Copa del Mundo en Rusia, la apreciación que el fútbol nos deja pasa por desmenuzar razones secundarias que viajaban en paralelo no hace tanto y que pasaron a ser principales ahora.

Este hoy puede que necesite de ese momento de purga que se ocurre mandatorio cuando de encauzar situaciones descontroladas se refiere. El punto, eso sí, valora el espacio en que uno se posiciona para el análisis. El fútbol ha cambiado con una tendencia hacia el mercantilismo y ese es el centro en el que deberíamos enfocar para aceptar, a partir de allí, si un cambio es lo prudente para volver al olvidado ‘romanticismo’, o dejar que corran los días de modernismo comercial como centro de un crecimiento proyectado para este deporte.

Estamos siendo testigos de hechos que en principio nos sorprendían, o pretendíamos creer que nos sorprendían. Buscábamos las excusas racionales que justificaran los cambios que íbamos viendo en el desarrollo del juego. Apostábamos a la experiencia de los protagonistas, los jugadores, para volver a lo regularidad deportiva porque no podíamos darnos cuenta del problema sin comprender que, sin la apropiada preparación física y mental, poco se podía hacer desde la buena intención.

Aceptar a la realidad tras haber experimentado vivencias en un medio ‘hostil’, por ejemplo, requiere de una aclimatación que puede durar un par de semanas para ver rendimientos a los que estábamos acostumbrados. Si a este concepto lo trasladamos al deporte, podremos entonces imaginar las dificultades que se presentan por delante para compaginar a un grupo y no ya sólo un individuo.

En otras palabras, no se puede juzgar a jóvenes deportistas por lo que entregan sobre un campo de juego sin evaluar la actualidad a la que les enfrenta el fútbol contemporáneo. Las exigencias no les otorga el derecho al renunciamiento al estar condenados por acuerdos leoninos que deben respetar con muy poco, casi nulo, margen de escapatoria. Lionel Messi lo dijo claramente anoche tras el Barça-Inter de Champions League.

Así ingresamos en el mundo de este fútbol demandante que sólo tiene miradas acusatorias ante el mínimo bajo rendimiento. Nadie quiere pararse a pensar que todo esto es parte de un círculo vicioso del que difícilmente alguien puede escabullirse. A veces ni los mismísimos intérpretes principales pueden darse cuenta el momento que viven. Presos de sus obligaciones y sentenciados por sus destinos, sólo pueden exclamar alguna verdad desde la inocencia con que intentó hacerlo Ángel Di María, no hace mucho, en una carta tan sincera como dolorosa o Messi anoche.

Hoy junto a Messi, están los Suárez, Griezmann, Courtois, Ramos, Hazard y muchos, muchísimos más futbolistas, que no alcanzan a entender que el tiempo de una catarsis se hace menester cuando se ha llegado a un límite indeseable. Sus miradas incrédulas no dejan traslucir si realmente comprenden lo que sucede, o simplemente ocurre que nada pueden hacer para modificar lo inevitable porque ya es, quizás, demasiado tarde para ello.

Martín Onti

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