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Martín Onti: Amistosos de orfandad

MADRID, España.- Es una pretemporada muy pobre esta antesala a la campaña que se avecina. El Mundial de Rusia ha pasado factura en forma de amistosos deslucidos donde muy poco queda para degustar de las grandes estrellas del fútbol. Estas, en su acotada ventana de descanso tras la justa mundialista, no se sumarán a sus equipos hasta más tarde y de allí la orfandad de grandes futbolistas que predomina en los innumerables compromisos internacionales que estamos viendo este verano.

No hace falta mencionar a las instituciones a que hacemos referencia, ni tampoco a los jugadores ausentes, para comprender que si hubiese mundiales cada año, los amistosos morirían de desinterés muy pronto. La mención de un problema, aunque la Copa del Mundo se juegue cada cuatro años, no se transforma en puntual sino que nos sirve para hacer hincapié en la seriedad que este hecho describe.

Muy por el contrario, quienes gobiernan el fútbol deberían tomar nota de este hecho que no deja indiferente a nadie que piense en que este deporte va resintiéndose en escala ascendente, y que lo que parece ser una buena alternativa para mantener el interés del entretenimiento en alza, puede que comience a jugar en contra de aquellos intereses primarios.

No sólo tenemos que hacer mención a la pobreza de alineaciones juveniles en los grandes clubes de gira estival, sino también mencionar los inconvenientes secundarios que conlleva para la preparación de sus primeros equipos, al menos en las jornadas iniciales o encuentros definitorios de supercopas en cuestión como, por ejemplo, la española entre Barcelona y Sevilla o la europea entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid.

Si vamos un poco más allá en el análisis, también podríamos meter en la misma bolsa de las urgencias el encarecimiento en el precio de los jugadores. Hoy difícilmente el costo de un crack bien considerado esté por debajo del exacerbado precio de los 100 millones de euros. Si esto no es un toque de atención, pues entonces me gustaría saber qué lo es, a sabiendas que para cumplimentar costos que cierren a las entidades estas deben sacar el dinero de algún lado.

En este capítulo, es donde los aficionados, las operaciones comerciales, el público en general, y tantas otras variantes entran a tallar en la complicada baraja de los gastos que se deben amortizar de alguna manera. La necesidad de exponer el fútbol al nivel que el juego lo exige, en una actualidad cada vez más conflictiva, es mandatario para lograr una determinada y programada rentabilidad que no puede dar tregua a un calendario extenuante.

Mientras tanto, a nadie deberá extrañar que en ocasiones como la que nos toca en esta pretemporada ‘anormal’, estemos destinados a ver torneos y partidos amistosos de una manifiesta carencia de calidad futbolística.

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