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Martín Onti: Superado o superarse

Diría que pocas son las alternativas que le quedan ahora a Neymar Jr. para volver a coger la verticalidad de su imagen. Deberá considerar que o acepta un cambio absoluto en su manera de actuar o su carrera tendrá una cuesta arriba difícil de conquistar. Superado por las circunstancias que él mismo creó o superarse en la búsqueda del crack futbolístico que indudablemente es, marcan la alternativa. El brasileño del PSG debe entender que una inmediata y profunda catarsis es lo aconsejable y necesario para volver a ser el jugador que amenazaba con asombrar al mundo del balón no hace mucho tiempo atrás.

Los malos pasos que uno da en la vida se cobran tarde o temprano. Soy de los que creen que sólo la aceptación de nuestros errores y la consiguiente misión de trabajar duro para demostrar lo que uno vale, es lo que nos redime de nuestros fallos. Con esto en su cabeza, Neymar deberá hacer un racconto de su reciente pasado para sacar sus propias conclusiones y actuar concienzudamente.

Tirando de historia, de la del atacante brasileño me refiero, uno puede regresar a sus años del Santos paulista en que su juventud, con un futuro prometedor por delante, auguraban a todas luces un porvenir de desconocido techo triunfal. Sin embargo, las luces del escenario, y dependiendo del voltaje, suelen ser traicioneras sin buenos guías a quien seguir.

Su traspaso al Barcelona y su consiguiente adaptación a un trío letal junto a Lionel Messi y Luis Suárez, nos hizo pensar que sólo era cuestión de tiempo para que su estrella brillara con luz propia e inalcanzable, pero algo ocurrió en la Ciudad Condal para que su camino debiera ser modificado. No sé a ciencia cierta si la oscura sombra alargada de Messi o los equívocos conceptos de su entorno inmediato influyeron para su decisión de cambiar de aires rumbo a París, pero sí sostengo que allí radicó el cambio en su carrera.

Francia, muy a pesar de ser el actual Campeón del Mundo, no tiene la competitividad de ligas como la española, y su forma de vivir el juego dista de ese día a día tan especial que lo hace vivencial. En esa mediocridad sistémica de los franceses para con el fútbol, de la que ni el PSG escapa, Neymar fue agrisándose como una figura de realce internacional. Su persona fue contagiándose de esa vulgaridad y, para peor, con el Mundial de Rusia 2018 a muy corta distancia.

El resto se hace fácil de imaginar. Sus excentricidades, sus frustraciones, sus prisas y su impotencia, le marcaron una pésima Copa del Mundo con Brasil y por ende las dudas de un futuro que está sólo en sus manos –debiera decir en sus pies- para  poder encarrilarlo. Neymar Jr. sólo necesita contar con gente cercana que le apoye no sólo para lucirse a su lado y que le impulse espiritualmente para superarse y volver a ser el gran futbolista que todos conocemos. 

Martín Onti

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