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Martín Onti: Paseando por "Le Parc"

El estadio del Paris Saint-Germain, el Parque de los Príncipes, conocido mundialmente con el apelativo en francés de ‘Le Parc’, comienza a amontonar anécdotas de esas que en el mundo del fútbol se van transformando en verdades insoslayables. La llegada de Lionel Messi a la institución parisina hace sólo un par de meses atrás, va desatando comentarios que engrandecen la leyenda del jugador argentino en opuestas direcciones.

Una leyenda nunca tiene el derecho de ser necesariamente buena, también puede ser mala y tener esos visos de fábula que a través del tiempo va engrandeciendo una historia, la que corresponda. En este caso, la de Messi, y no desde ahora sino desde hace unos buenos años, cuando todavía jugaba en el FC Barcelona, ha ido tomando cursos alternativas que sólo su irrefutable calidad futbolística ha mantenido en dirección al éxito.

La diferencia, esa por la cual presumiblemente él no quería salir del Barça y que deja clara Mircea Lucescu, comienza a notarse ahora en el equipo que dirige Mauricio Pochettino, quien poco tiene de ‘Tata’ Martino, de Ernesto Valverde, de Quique Setién o de Ronald Koeman. Las recientes declaraciones de Kylian Mbappé esta semana, abren una disyuntiva que tendrá en breve connotaciones de mayor calibre con respecto a la ‘pasantía’ del astro argentino en ‘Le Parc’.

El partido perdido en la Ligue1 del PSG ante el Rennes el pasado fin de semana, acaba de abrir una brecha que nosotros venimos observando hace más de 90 minutos de juego y, también, mucho más allá de una larga temporada atrás cuando Lionel Messi solía ‘deambular’ por los campos de la liga española.

Mbappé, creo que en tono sarcástico, ha dicho que él correría para el lucimiento de Messi. Al menos eso es lo que muchos hemos entendido en las palabras del joven delantero galo con respecto a la llegada del veterano futbolista argentino al mejor club de Francia, curiosamente a un vestuario donde solamente el propio Mbappé es el único francés que juega como titular en un equipo plagado de foráneos.

El número ‘7’ del PSG deja caer, en un sentido ambiguo, una premisa que era condición tácita del silencio con que se protegía en Can Barça a Messi para que sólo corriera cuando hubiese certeza de gol en una acción ofensiva, el resto del tiempo andaría, pasearía sobre el terreno de juego hasta que él lo creyera oportuno. Y todos comprábamos ese pasaje de efímera felicidad momentánea.

No es posible, siendo sinceros, tratar de enjuiciar a alguien que ha avisado lo que hace. Si cabe, sólo se le aplicará el castigo correspondiente y punto. Messi ya es, y será, este Messi que todos conocemos ahora. Un jugador con una calidad superior dentro de una humanidad de mediocres que acepta migajas a cambio de lo que se entiende por gloria pasajera.

El resto trata del color verde de ‘Le Parc’, con reminiscencias de interminables paseos bajo la tranquilidad de una suave brisa, de las caricias que brinda el sol, y de la despreocupación por la responsabilidad del sacrificio. Esto es Lionel Messi hoy, hasta cuando Mbappé le regala un gol donde sólo debe hacer lo que por herencia del destino lleva en la sangre desde la cuna.

Martín Onti

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