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Martín Onti: Entre buenos y malos consejos

PARÍS, Francia.- Cualquiera que haya seguido la carrera deportiva de Neymar Júnior desde su época del Santos FC debe estar, en términos generales,  informado de su vida deportiva. La irrupción futbolística del por ahora atacante del Paris Saint-Germain tiene una lectura clara con y sin la pelota en sus pies que la avidez de los medios de comunicación se encargan de recrear. 
 
A juzgar por sus condiciones, destacar la faceta del paulista dentro de un terreno de juego tiene sus consideraciones, aunque también ha demostrado tenerlas fuera del mismo, algo que ha terminado incidiendo en este presente suyo y que no pasa por e total de su culpa. Aunque debiera llegado este punto.
 
Opinar sobre el brasileño requiere de una perspectiva que ponga su entera personalidad como base de juicio. No se podría ver su caso desde un único punto de vista. Personalidades como Neymar Jr. no pueden ser ‘ajusticiadas’ en particular sin tener la visión del todo. Hay que tener en cuenta los por qué se llega a situaciones terminales y, en ello, el análisis de las mismas debe tener una amplia consideración.
 
No viajaremos tan atrás en el tiempo para tener el panorama completo de los calvarios del astro del PSG galo. Obviaremos, aunque quede implícito en este artículo, la niñez de un ‘garoto’ nacido en el seno de una familia humilde donde el buen pasar económico era un objetivo no cumplido por su padre, Neymar Santos Senior, como ex jugador de fútbol.
 
Tal cual sucede en muchos hogares de escenarios similares, entregarse a la conquista deportiva de un familiar para la salvación económica, fue el objetivo trazado desde la cabeza del grupo, con el progenitor como responsable absoluto del futuro de los Neymar-Santos. El combo reflejaba la perfección. Por una parte la excelencia de su calidad como futbolista era la base de dicha empresa y, por la otra, el manejo de todo lo concerniente al entorno necesario camino al éxito, era asunto de su señor padre. Todo quedaba en familia.
 
Hoy Neymar Jr. se encuentra, muy posiblemente, en un lugar en el que desearía no estar. Acuciado por problemas que nunca debieron ser de compatibilidad con un deportista de élite bien aconsejado, debatiéndose entre su continuidad en el club parisino o su regreso a un fútbol de mejor trascendencia en el ámbito internacional, como podría ser el español, y tratando de redescubrir el sendero que jamás debió abandonar.
 
Aún no es tarde. Las opciones están allí para ser aprovechadas, estas, en parte, dependen de quien sigue siendo su representante-apoderado-consejero-padre. Aunque ya es tiempo que, ya mayorcito de edad, Neymar aprenda a elegir entre los buenos y los malos consejos. Va siendo hora que el niño dé paso al hombre.
 

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