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Martín Onti: En la Disneylandia de París

MADRID, España.- En una opinión personal, Sergio Ramos ya no es un futbolista de élite, de esos de quienes se debe esperar lo que un gran equipo necesita para cubrir sus expectativas de gloria. Para ello, pongo sobre la balanza los ‘pro y contra’ que con seguridad devendrán con la llegada del ex capitán blanco y de la Selección de España al Paris Saint-Germain. Esto es, titularidades, salarios, preferencias, responsabilidades y consecuencias que albergará Le Parc con la llegada de Ramos.

Muchas veces lo que se adivina a la distancia no es lo mismo que acontece en la realidad. Me arriesgo a enfrentar ese pequeño margen de error para sostenerme en mi percepción y asegurar, anticipadamente, que la operación Ramos será, para lo que fundamentalmente le interesa a Nasser Al-Khelaïfi, un fracaso para el conjunto que dirige Mauricio Pochettino y un éxito sólo para los niños del sevillano con Disneylandia a la vuelta de la esquina.
 
Digan cómo lo digan, Sergio Ramos ya no está para jugar al más alto nivel que el fútbol profesional de la actualidad exige. Puede, eso sí, despuntar aún el ‘vicio’ en una liga menor o en una superior, aunque en esta última sólo en partidos sin tantas exigencias, y donde sus aptitudes, ya en el irreversible ocaso de su carrera, no asuman el riesgo de pasar vergüenza. 

Seguramente, y entre ausencias, habrá alguna actuación de esas que épicamente nos recordará a aquel joven de Camas que llegó a Madrid para llevarse al mundo por delante; habrá un quite magistral y hasta una salida desde el fondo con sello de crack; una orden dada a tiempo al novato compañero para ubicarlo en la posición adecuada; y hasta una tarde célebre en la que su lentitud pasará desapercibida. Pero Sergio Ramos, eso sí, nunca podrá engañar a Sergio Ramos, ni aún en el místico glamour de París.

Cuando Cristiano Ronaldo emigró del Madrid a la Juventus, los directivos piamonteses sabían muy bien lo que estaban adquiriendo. La Vecchia Signora, por entonces, se hacía con un atleta entrado en años, pero, con una capacidad atlética incuestionable de superación constante para mantenerse en el Olimpo de los mejores.

El mismo ejercicio de juicio a CR7, también nos sirve para evaluar el caso de Eden Hazard. El Real Madrid lo compró al Chelsea pensando en el pasado, no en el futuro, y sin un serio análisis del presente. La realidad del triste pasaje del belga por la disciplina merengue puede hablar mejor que todas las explicaciones y excusas que pueda enumerar aquí.
 
Pues bien, expuestos los fundamentos, y sin hablar de dinero todavía ni que la Disneylandia de Florida hubiese sido una mejor opción para Ramos, no diré mucho más antes de que la reflexión pase a manos de quienes desconfíen de los hechos. Sólo sumaré, brevemente y como conclusión, que el culo de Cristiano Ronaldo en nada se parece al de Eden Hazard y que el de este, sí se parece mucho al de Sergio Ramos.
 
Martín Onti
 
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