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Martín Onti: Caída en libre

MADRID, España.- Por más que el mundo de la Fórmula 1 trate de alentar fantasmas exitosos en la que supo ser la categoría máxima del automovilismo mundial, nada de eso cuela hoy en día. Sólo los últimos estertores, aún con esa leve señal de vida en movimiento, podrían significar que resucite un deporte que, de seguir por este camino, se dirige inexorablemente a la muerte.

No es de esta temporada que el desinterés ha ganado adeptos en un deporte que solía ser de un atractivo especial. Recuerdo que no hace muchos años atrás, las carreras de F1 tenían unas audiencias que no sólo redituaban júbilo desde los entrenamientos semanales, cuando las gradas de los circuitos se llenaban de aficionados para ir presagiando el día de la competencia, sino de todo lo que giraba alrededor del día sábado en clasificación y el domingo, por supuesto, desde el último semáforo en verde hasta la entrega de premios y los festejos posteriores.
 
Deberíamos ser más realistas, en este mundo de tendencias que viajan a la velocidad de sus bólidos, y no lamentarnos del presente, por más triste que nos resulte darnos cuenta que la llama del hechizo que significaba el ruido de esos motores encendidos, se ha ido apagando de a poco en la crueldad contemporánea.
 
Nadie se pregunta quiénes han sido los campeones de los pasados años y el análisis que deviene a partir de este dato. Pues bien, sería conveniente hacerlo en la considerable mirada retrospectiva de la F1 para comprender que la gloria en sí sola se reparte entre poca gente, aniquilando las destrezas y aquellas viejas rivalidades que solíamos disfrutar.
 
Cuando Red Bull dejó de comandar la situación y el hastío ganaba adeptos por doquier, con el alemán Sebastian Vettel imponiéndose en casi cada carrera y transformando en aburrimiento las competencias, llegó el turno de Mercedes Benz con el inglés Lewis Hamilton a la cabeza y un año sabático, en el medio, para el germano Niko Rosberg a cambio de su retiro.
 
Por lo tanto, y observando los hechos desde 2010 a esta parte, para no rizar demasiado el rizo, la F1 se ha dividido entre complacencias y políticas internas que, comprensibles o no, sólo han provocado que la caída en libre de un deporte que solía ser apasionante cuando las diferencias tenían cotas de libertades bien administradas, diera paso a la hegemonía soporífera de saber de antemano quién sería el vencedor, inclusive, antes del inicio de la temporada.
 
Este fin de semana volvió a ganar Lewis Hamilton, en su casa esta vez, en el Gran Premio de Inglaterra. Silverstone sólo corroboró el pasado domingo que ni las maniobras peligrosas de Vettel en contra de Max Verstappen, ni el meteórico ascenso del monegasco Charles Lecrerc con Ferrari, ni la mala fortuna del finlandés Valtteri Bottas abandonando su perfección sólo unos minutos, pueden devolverle a la reina del automovilismo la gloria perdida… Por suerte este domingo a 1 hora y 30 minutos de distancia geográfica, Djokovic enfrentaba a Federer en la Catedral del Tenis.
 
Martín Onti
 

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