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Martín Onti: Quimeras absolutas

MADRID, España.- Bueno, tampoco que me vayan a decapitar como si fuese un pecado mortal por lo que pienso, siendo que confesar mis sorpresas no va mucho más allá de elucubraciones futbolísticas, lúdicas, de un juego de entretenimiento mental, si se quiere, para distraer la apesadumbrada situación por la que parece atravesar este Real Madrid presidido por Florentino Pérez y entrenado por Rafa Benítez.
 
 
Los rumores -a veces sólo deberíamos dejarlos en eso- que provocarían el desembarco de Josep Guardiola como estratega del conjunto blanco no tienen, en mi humilde entender, ningún asidero. Desde la perspectiva más objetiva posible no consideraría la mínima posibilidad de que el técnico catalán dirija a la escuadra capitalina bajo ninguna circunstancia. Imaginar lo contrario, sería un ejercicio de mero trámite fantasioso y repleto de subjetividad .
 
Sí, se perfectamente que esto es fútbol, un negocio ante todo para muchos profesionales de este deporte, pero, en España, hablar de que Pep Guardiola sea el entrenador del Real Madrid, es como pretender aceptar que uno se puede casar con su propia abuela y que todo siga el curso normal de la vida.
 
 
Digo precisamente en España, porque a quien no comprenda las diferencias de radicalismo espiritual que sostienen en sus cabales morales a un hijo de su tierra como el actual conductor del Bayern de Múnich germano, habría que explicarle lo que significa para Guardiola, y para otro cualquiera en su lugar con ese sentimiento tan catalán –mucho más que culé- contemplar siquiera la efímera posibilidad de estar al servicio del Real Madrid.
 
Las diferencias no pasan por la apreciación futbolística en sí, ni mucho, muchísimo menos. Nada tiene que ver el balón en este tema, nada habría que explicar desde lo institucional, desde lo económico, ni desde cualquier desavenencia relacionada al fútbol en si mismo.
 
Debo confesar que aceptar la propuesta, aunque sea como un ejercicio de los más utópicos, de que Josep Guardiola sea verdaderamente entrenador del conjunto merengue, no tiene en mi razonamiento, por donde se lo busque, absolutamente ninguna alternativa de que bajo las actuales circunstancias políticas que rodean a España podamos ser testigos de tan quimérica posibilidad.
 
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