Head coach Luis Enrique Martinez (L) of FC Barcelona looks on as his player Neymar JR. (R) is relevated during the La Liga match between Sevilla FC and FC Barcelona at Estadio Ramon Sanchez Pizjuan on April 11, 2015 in Seville, Spain. (Getty Images)

Martín Onti: La defensa y el ataque

MADRID, España.- La defensa en el fútbol es una faceta del juego que tiene su capital importancia como un movimiento del sistema que corresponda emplear. De acuerdo a la filosofía futbolística de los diferentes estrategas, se le prioriza sobre las otras alternativas para procurarse los objetivos que no pasan mucho más allá de la victoria, o de un buen resultado, de acuerdo a las circunstancias y a las elecciones que se hagan para alcanzar el éxito perseguido.
 
En estos días pasados, hemos tenido la posibilidad de ver cómo el hecho de aplicar la defensa en ciertas condiciones se puede justificar o no, pensando en la oportuna puesta en práctica de un método defensivo que sea eficaz a la hora de generar buenas estadísticas y, sobre todo, números razonables para justificar la priorización de cerrar la retaguardia rechazando el despliegue ofensivo.
 
Queda marcadamente claro que cuando hay un equipo con características de ataque, el abroquelarse en la retaguardia, casi pegado a su portero, no debería ser lo indicado. En este caso, no me imagino al Brasil del ’70 entregando el balón al adversario para esperarlo en el fondo y buscar el contragolpe para definir partidos.
 
El fin de semana pasado, este ejemplo pudo verse cristalizado por el Barcelona de Luis Enrique Martínez ante el Sevilla por la liga española, cuando en la parte complementaria, inexplicablemente, el estratega asturiano buscó sorprender a propios y extraños con un cambio que rozó la utopia futbolística de su club al cambiar un mediocampista, Xavi Hernández, por un delantero, Neymar, y retrasar el equipo para ‘aguantar’ el triunfo parcial que no sostuvo ante los andaluces para salvar el empate con fortuna, dejando al descubierto el desacierto del actual técnico azulgrana.
 
 
Distinto es cuando un equipo no sabe hacer otra cosa que no sea sostenerse desde su poder defensivo y apostar al contraataque, más cuando esa escuadra entrena las alternativas de cuidar, como premisa principal, su propio terruño y especializarse en ello, porque esto significa que la elección de buscar el triunfo vía el oportunismo de jugar a la contra, le confiere una realidad que atesoran desde el convencimiento sistémico ensayado como aquella Argentina de Carlos Bilardo, Campeón del Mundo en México ’86.
 
Así, podríamos basarnos en el cotejo de ida de los cuartos de final de la Champions League entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid en el Vicente Calderón para señalar el prototipo de éstos otros equipos, que sí nacen y mueren con sus razones para defender una propuesta adoptada con la convicción de lo que se pretende conseguir y encomendarse a la gloria a través de la consecución de tales propósitos.
 
Defender o atacar no son variantes tácticas de inventiva, menos cuando no tienen una persuasión estratégica entrenada. En ello acierta el Atlético de Madrid que conduce Diego Simeone y falla el Barcelona que desquicia Luis Enrique con improvisaciones fuera del contexto real culé.
 

Tags: 

¡Obtén lo mejor de telemundo deportes!