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Martín Onti: Indisciplina inaceptable

Martín Onti: Indisciplina inaceptable

MADRID, España.- Estas últimas semanas el crudo tiempo invernal parece haber desatado, en paralelo al frío, una ola de reacciones temperamentales que no habían vuelto a convulsionar al ambiente futbolístico sino hasta que se dieron a conocer los hechos. En ellos, varios jugadores sudamericanos se han visto envueltos en situaciones críticas de comportamiento que no son propios de verdaderos profesionales. 

Casos de pareceres diferentes se producen en cualquier ámbito, pero, de allí a perder el control de sí mismo dista, y debería distar, todo un protocolo de educación a considerar para con el prójimo. Una conducta que hay que hay que respetar cuando uno depende de un grupo, o de sí mismo incluso, es saber comportarse en la sociedad donde lo que corresponde es conducirse decentemente cuando uno está inserto en un sistema.

Se puede decir que hay muchos casos, como para poner de ejemplos, en los cuales se podría comprender que las opiniones sean distintas entre las personas, tanto o más importante que los actos expuestos, pero, nada tiene una excusa válida como para justificar la mala educación.

Curiosamente, y desde el inicio de este nuevo año, ha habido jugadores sudamericanos que han estado vinculados más a la prensa rosa, al sensacionalismo ventilado de sus reacciones, que a lo que solamente les debería corresponder que no es más que jugar al fútbol.

Temas de opuestos criterios siempre van a existir, más aun si los relacionamos a la diversidad de intereses que se mueven en este deporte donde, además, los egos personales son una moneda de cambio diario. Sin embargo nada de eso puede servir de justificativo para perder el control y comportarse de manera impropia reincidiendo en posturas irracionales de pasados no tan lejanos.

El brasileño Diego Costa en el Chelsea inglés; el chileno Fabián Orellana en el Celta de Vigo; y el argentino Sergio Araujo en Las Palmas, han dado un mal ejemplo de comportamiento comprobado que bien pudo haber sumado un par de adeptos más si el Real Madrid no hubiese controlado los ‘desplantes’ del colombiano James Rodríguez o el Inter las rabietas de su aún capitán, el argentino Mauro Icardi.

Puede entenderse la desigualdad de puntos de vista, incluso hasta estar en desacuerdo con quien tiene mayor poder en una organización, pero no se puede aceptar la falta de disciplina que trasciende aquellas fronteras que no debería, más aún cuando los antecedentes de conducta son una lápida con la que cierta gente debe convivir para siempre.

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