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Martín Onti: Con el ego de fondo

MADRID, España.- Existen dos casos muy conocidos que pintan de lleno la victoria del Ego sobre el ser humano. Uno de ellos nos lo entregaron en bandeja José Mourinho e Iker Casillas en el Real Madrid de apenas un par de temporadas atrás, y al otro lo descubrimos recientemente entre Luciano Spaletti y Francesco Totti en la Roma. Servirán éstos, sólo por citar los más conocidos dado el grado de fama de sus protagonistas y trascendencia mediática dentro del fútbol mundial, para ejemplificar proceder y resultado.
 
Ha dicho Casillas que explicará en los medios aquellos detalles tan traumáticos que comenzaron a destruir al equipo de Mourinho cuando se consideraba a la entidad de Florentino Pérez en una situación idílica, futbolísticamente hablando, para adjudicarse cuanto trofeo disputase.
 
 
En la capital italiana, mientras tanto, hacen silencio en torno a los rumores de viejas rencillas que pueden haber sido la causa original del problema entre Spaletti y Totti, tras la salida del entrenador en su anterior etapa como ‘allenatore’ romano, y que condujeron a esta incómoda situación actual en la institución que preside el norteamericano James Pallotta.
 
Los inconvenientes del pasado sólo afloran cuando éstos no han sido resueltos convenientemente, para ello, los involucrados deberían haber resuelto situaciones incómodas que prevalecen sólo cuando no están propiamente solucionadas. En ambos casos si uno se pone a hurgar con dedicación, sin barrer debajo de la alfombra para que la basura no se vea, los desacuerdos brillarán a primera vista.
 
 
Iker Casillas podrá argumentar la postura que mejor considere defendiendo su exilio al Oporto, y defenderse José Mourinho aspirando a una hipotética vuelta al Santiago Bernabéu; tal cual podrá Francesco Totti justificar su actitud, protegido por el Olímpico de Roma a su favor, en contra del convencimiento de Luciano Spaletti al dejarlo en el banco ante los blancos en Champions League y la posterior separación del plantel frente al Palermo por el torneo local, sin que esto signifique que ignoran la causa madre del problema.
 
Tanto Casillas y Totti, viejas figuras, ya ajadas de experiencia en el tramo final de sus brillantes carreras futbolísticas, al igual que Mourinho y Spaletti, desconocidos en sus facetas como jugadores pero reconocidos estrategas del juego contemporáneo, se enfrascaron en un absurdo conflicto donde el Poder es el trofeo más deseado y donde la batalla más sangrienta la gana el Ego y siempre la pierde el fútbol.
 

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