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Martín Onti: Palmeri, Hepworth & Booth

MARSELLA, Francia.- Previo al comienzo de la Eurocopa 2016, las autoridades británicas habían tomado recaudos necesarios a sabiendas del comportamiento de sus hooligans en el extranjero. La policía había remitido correspondencia a casi 2000 personas para que los citados hicieran entrega de sus documentos durante el periodo del torneo y prohibirles así la salida de Inglaterra.

Sin estar en ese listado censurado Ian Hepworth y Alexander Booth seguramente habrán pensado, cuando se dirigían rumbo a Marsella, que pasarían unos días de diversión siguiendo a su seleccionado nacional frente a la Selección de Rusia sin contemplar que los altercados posteriores que dejaron 35 heridos, uno de ellos en delicado estado de salud, terminarían con sus humanidades en prisión y la prohibición de pisar territorio galo por dos años a partir de la sentencia final dictada por la justicia francesa, a la que se suma la ejemplar pena sobre el local David Palmeri también involucrado en los hechos.

Está de más decir que el pensamiento de ambos seguidores ingleses contemplaba no sólo alentar los colores patrios desde las gradas sino, al margen de ello, hacer lo que acostumbradamente los hooligans ingleses suelen hacer cuando acuden a ver un partido de fútbol tanto en el Reino Unido como en el exterior. Sin embargo, y si tenemos en cuenta que los seguidores europeos comienzan a adquirir conductas provocativas similares, a nadie extraña lo acontecido en el Puerto Viejo de la ciudad marsellesa donde se dieron cita con quien se cruzara, para dar rienda suelta a sus instintos pendencieros.

Culturalmente, beber alcohol en demasía como parte de una tradición enraizada en algunas sociedades está bien visto y se ha constituido en un hábito común y totalmente aceptado en dichas colectividades. Sin embargo, esta costumbre siempre trae problemas a estos aficionados que de una tranquilidad controlada en el apoyo a sus divisas suelen pasar al descontrol de sus actos, más aún si tenemos en cuenta que enfrentados en tal estado de embriaguez el cóctel resulta de una violencia desmedida.

La consecuencia de estos enfrentamientos, cuando coinciden fracciones belicosas hostiles, no sorprende ya a nadie. Las medidas de saneamiento en el fútbol europeo deberían contemplar el uso de normas que no sólo se remitan al aspecto deportivo, sino sobre todo al estudio de la amplitud de incidencias políticas y sociales que devienen en nefastas secuelas generales para el fútbol y de carácter personal, como en este caso, para Hepworth, Booth y el francés Palmeri.

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