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Martín Onti: Sentado sobre su nevera azul

Cada futbolista de la Selección de España lo sabe, tanto como cada allegado al equipo nacional y a su técnico Luis Enrique Martínez. Dar un paso hacia atrás no sirve ni para tomar envión. El ambiente general está tan crispado en relación a lo que ha venido demostrando ‘La Roja’ en su producción de juego, que la pausa, la paciencia y la calma son de una necesidad imperativa para mantener el rumbo.

La irritación de sectores paralelos a la incidencia que genera el poder perdido por ciertos dirigentes del fútbol español, provoca esta tensa situación a la que nadie puede ya escapar. La magnitud del problema ha mantenido el fondo, pero la tesitura del entrenador -a pesar de las severas críticas que le llueven desde los cuatro puntos cardinales- sigue incólume en sus cabales.

La categórica victoria ante Eslovaquia define una posición, pero no una continuidad del proyecto de Luis Enrique al frente del seleccionado nacional. El fútbol sólo es gloria cuando las circunstancias son favorables para quienes se sientan al lado de la victoria. Cuando no sucede esto, se debe estar preparado para convivir a diario con la guerra, y el estratega asturiano lo sabe.

Los puntos analíticos son varios, y para ello deberíamos posicionarnos en una plataforma intermedia desde no se haga daño a ninguna de las partes involucradas, o al menos hacer el máximo esfuerzo para que así sea. Este deporte, que se compone del juego en sí, mantiene a la par dependencias políticas que de acuerdo a intereses personales equilibra la ecuación o la descompone abruptamente.

Este es el caso en que la Selección de España que dirige Luis Enrique se encuentra hoy. Sin citar fuentes de alta fiabilidad, debo hacer hincapié en una visión en base a lecturas personales y elucubrar suposiciones del por qué se ha llegado a una postura en la que matar o morir es la única vía de salvación para unos y para otros porque ya no hay regreso al punto de partida.

Esta clasificación para octavos de final de la Eurocopa, le otorga continuidad a Luis Enrique de cara al futuro inmediato, aunque las alternativas finales pasarán por dos opciones. La más placentera para él es, lógicamente, la conquista de la Euro en la finalísima de Wembley el venidero 11 de julio. La otra, haber llegado a esa instancia o, como mínimo, a las semifinales en Londres.

Todo lo que esté por debajo de estos parámetros significará la segunda opción. La caducidad de Luis Enrique y el regreso de los monjes negros que, por ahora, trabajan en la opacidad de variados escritorios. ‘Morata y diez más’, parecería ser el lema de batalla de todo un sistema de juego que ayer en Sevilla demostró que, a pesar del ‘7’, la Selección de España funciona futbolísticamente.

Copenhague nos espera en el pudiente y próspero barrio de Inner Østerbro este próximo lunes. Allí, en el Parken Stadium, la Croacia de Luka Modric será el siguiente examen de los tantos que Luis Enrique Martínez intentará seguir sorteando sentado sobre su nevera azul.

 

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