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Martín Onti: La Italia de Mancini

El fútbol en Italia es un reflejo del trabajo que en la pasada década sus directivos, sus hombres importantes generaron. No se puede echar culpas ajenas a quienes no les corresponde. El Calcio se olvidó de un presente preocupante atado a las viejas cadenas del éxito que en el pasado su historia y sus buenos jugadores le dieron.  Se confiaron en las bonanzas que no duran toda una vida y creyeron que el juego seguiría el curso de la moda y las costumbres. En eso se equivocaron.

Recuperar el nivel futbolístico, o al menos la identidad que distinguió a la Azurra durante tantos años, no tiene tiempos estimados. Las viejas fórmulas ya han sido superadas por la contemporaneidad del juego en sí. El fútbol ha devenido en mucho más que defensas férreas, reducción de espacios y oportunismos ofensivos. Hoy se valoran las respuestas inmediatas a propuestas alternativas, a la rápida lectura de estas y a la celeridad para adaptarse a tales cambios.

Italia no puede ser Chiellini, Bonucci y Balotelli tratando de imponer una gestión obsoleta donde Bernardeschi es una aguja en el pajar; ni encomendarse a la sombra de Enrico Chiesa para que proteja el vuelo incipiente de su joven hijo Federico; menos aún respirar aliviados cuando Donnarumma para lo imposible confiados a que siempre sea así. La Squadra de Roberto Mancini debe ser otra muy distinta a la que vimos en Bologna ante una Polonia apenas por sobre el nivel de la mediocridad.

En el caso particular de Italia, no sabría arriesgar una solución competente desde lo futbolístico y únicamente me atrevería a darle la bienvenida a su novedoso sistema tributario. Este, adaptado a las necesidades del mercado para atraer nuevas figuras que mejoren el magro escenario en el que han estado naufragando este último lustro. Muy a pesar de la Juventus, el sempiterno campeón, el Calcio pretende no perder, al menos, la estela de una consideración trabajada durante tantos años.

Visto lo visto en el Renato Dall’Ara, no deberían tomarse las intenciones de Mancini como la unidad de medida sino aprovechar el momento para analizar la rapidez con que los inconvenientes pueden ser solventados. Quizás sea tiempo de probar variantes a las que el estratega italiano no está ajeno. 

Arriesgar en días revueltos tiene la ventaja de poder utilizar la confusión a su favor y en ella se podría cobijar la indecisión que el fútbol italiano atraviesa hoy. Todo debe tener su sentido. De la misma forma que en la cuna del football, Inglaterra, por ejemplo, se inclinaron a aceptar que un ciclo había terminado y era tiempo de iniciar uno nuevo, Italia podría copiarles.

Martín Onti

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