Martín Onti: Las condiciones modernas del fútbol

MADRID, España.- Puede que ya esté un tanto mayor como para que el paso del tiempo me permita amablemente tener la visión de comparar la vieja con la nueva guardia del fútbol mundial y establecer diferencias que no dejan en buen lugar a los jóvenes cracks del balompié moderno.
 
No hace muchos años atrás veía en muchos equipos españoles dejarse la piel sobre el campo de juego a futbolistas amantes de su trabajo como Carlos Santillana, "Tarzán" Migueli, José Gárate, Rafael Gordillo, y hasta otros como Carles Puyol, Raúl González y Juan Carlos Valerón, además de un gran número de algunos otros nombres que bien podrían agregarse a esta lista que hoy sería poco factible de confianza en su honestidad institucional.
 
Cuando digo poco de factible, quiero decir que la gran mayoría de las figuras del fútbol mundial en nuestros días no sienten la camiseta como en antaño, como para petrificar su imagen a la de un club por el que puedan sentir cariño porque en ese aspecto ello no tiene otra relación que la mercantil.
 
Sin ponerle nombres y apellidos a quienes me refiero, y sé que no hace falta que lo haga porque son de dominio público, me propongo preguntarme, y a ustedes, si esta época es aceptable para comprender el fútbol desde la realidad que nos toca en suerte compartir. Sólo cuestiono si hoy es lógico gritar un nombre desde la grada alentando unos colores que el "aupado" podría muy bien no defender mañana por simple desinterés monetario.
 
Sabemos, y cada partido nos lo deja expuesto, que el dinero tiene cada vez mayor importancia en el deporte, en el fútbol en este caso, y que es el aspecto económico el que ya manda con autoridad. Nos percatamos también que la gran mayoría de esos jugadores a los que nos referimos son los ejemplos a seguir por una juventud a veces un tanto desorientada en los tiempos que corren y que provocan un cierto estado de duda en sus reacciones.
 
De no ser así, no podría explicar la desorbitada exposición a que se someten futbolistas a quienes un peinado y todo lo que ello lleva implícito, además de su cuenta bancaria, les lleva a conducirse por la vida, donde siempre lo secundario será la entrega y dedicación a la institución que pertenecen.
 
Una cosa trae la otra y, cuando la fama se siente mejor acompañada por el placer mundano que por la concentración en lo meramente deportivo, el final del camino está marcado con claridad en la lectura postrera del tema, no por el rendimiento físico, sino por la cuestionada condición humana.
 

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