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Martín Onti: La Prensa del Corazón

MADRID, España.- España ha sido la madre de la prensa rosa en cuanto a la trascendencia de los vericuetos del chisme, mejor dicho, de la prensa que hizo, hace y hará del cotilleo un divertimento del pueblo. De ello se han valido innumerables bufones del espectáculo para posicionarse en un lugar de reconocimiento popular y usar ese poder para el bien propio.

No digo que esto sea bueno ni malo, sólo que mencionarlo me sirve para darle al fútbol una perspectiva singular y usarlo como un punto de vista que permita comprender variantes para conservar la notoriedad futbolística española lograda el pasado lustro, cuando este deporte se contaba por objetivos conquistados, y que ahora no parece serlo tanto.

Las primeras jornadas de la Liga -incluso los prolegómenos del torneo así lo presagiaban- no aparecían como indicadores de un éxito que tuviese continuidad de aquellos tiempos pasados, sobre todo, pensando en las inversiones inglesas que hacían presumir un descenso considerable en el interés del público en general con respecto a la liga española.

Algo había que intentar, que no fuesen las cuantiosas, ausentes y lejanas inversiones, para que ese interés se mantuviese en un nivel aceptable y poder sostener la rentabilidad económica que desde hace unos buenos años emana del fútbol.

A pesar de arrojar una final de Champions League entre equipos españoles, los últimos años habían marcado una tendencia a la baja en el campeonato local, más aún teniendo en cuenta que el conjunto nacional no ha sido un dechado de grandes logros posterior a la conquista de la Eurocopa del 2012 celebrada conjuntamente por Polonia y Ucrania.

Con este sombrío panorama, y fundamentalmente por el despertar británico apuntalado por una considerable propuesta inversionista en las Islas, el fútbol español se puso manos a la obra para ver de qué manera se contrarrestaba el poder de la Premiership con la creciente valía económica de varias de sus instituciones.

Al menos para salvaguardar la sanidad económica de la casa, cualquier remedio curaría la enfermedad. La idea de dar protagonismo a la prensa populachera para proteger el interés de la gente por el fútbol resultaba una inteligente, fácil y rápida salida para mantener el atractivo. Da lo mismo que un Manolo juegue aquí que allá si el amarillismo es una ventaja para que el balón siga rodando con celebridad.

Por ello, no es de extrañar que hoy suenen tanto los traspasos de comunicadores deportivos que cambian, o los cambian, de camisetas, buscando razones del corazón que sirvan para equilibrar aquellos viejos intereses comerciales, en aras de extinción, que amenazan con alejarse de la Liga de España.

Martín Onti

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