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La felicidad de James Rodríguez

Martín Onti: La felicidad de James Rodríguez

MADRID, España.- James Rodríguez, me atrevo a asegurar, está en un lugar que él mismo no desearía estar a esta altura de su carrera. A nadie en su sano juicio podría interesarle estar en el medio de un remolino mental tal como en el que se encuentra el futbolista colombiano. En un especial ‘limbo’, se quiera aceptar o no, donde el bienestar profesional de James sólo depende de su postura frente al problema que genera cuando juega para el Real Madrid o cuando lo hace para la Selección de Colombia.
 
 
Dos situaciones distintas que conviven invariable y forzosamente en el mundo del medio ofensivo, que son producto de muchas ecuaciones en los días de un jugador que mezcla el origen del fútbol sudamericano con aprendizajes del fútbol europeo y todo lo que ello conlleva.
 
El centro del problema que aqueja al futbolista pasa axialmente por James Rodríguez y su entorno inmediato, ese medio más cercano a él que en ocasiones debería ayudarle a comprender la complejidad del tema. Pero, no se puede, a veces, pedirle peras al olmo por la imposibilidad de que el árbol entregue el fruto que uno desea.
 
Puesto en perspectiva, la lógica de este buen momento del colombiano en el seleccionado de José Néstor Pekerman está en la línea opuesta a la que el club español le brinda, allí donde Zinedine Zidane prioriza una postura más dura e incomprensiva a nivel personal por cuestiones de lógica resultadista. 
 
 
Ese aporte que el cucuteño nota positivo en su combinado nacional, tiene que ver de forma directa con el sentir y maneras de ser en Sudamérica. Más aún por parte de su gente y las ‘permisibles’ oportunidades que él hace propias por la complicidad del entorno que rodea al fútbol, y a sus estrellas, especialmente en su país.
 
El Real Madrid, en cambio, no tiene esa concepción, y menos un ‘Zizou’ Zidane exigido por las urgencias de un juego que necesita resultados de manifiesta manera comercial y económica. En el conjunto blanco los lapsos del éxito son diferentes por la grandeza institucional que no admite pérdidas de tiempo para llegar a lo más encumbrado lo antes posible y, hoy, James Rodríguez retrasa esos objetivos en la entidad de Florentino Pérez.
 
La felicidad del prodigioso futbolista colombiano pasa por él mismo, por amoldar su conducta a cada situación y entender que una cosa es el cariño de la familia y, otro, el circunstancial de quienes lo tienen allí para generar ganancias dejando los sentimientos en segundo plano.
 
 

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