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Martín Onti: La apatía mental

MADRID, España.- Hace sólo unos días atrás nadie hubiese imaginado que el Barcelona se podría ir esta temporada con las manos vacías de títulos. Hoy, aquella casi utópica aseveración se ha tornado en una muy posible realidad. Analizando los hechos desde el ángulo de una moral desvencijada, por más que Gerard Piqué jure en arameo que podían permitirse esta licencia, el Barça ha entrado en un difícil camino de desconcierto a partir de un punto de vista anímico que incide consecuentemente en lo futbolístico.

 

 
Viendo al conjunto de Luis Enrique deambular por Anoeta otra vez, cada vez existe más la posibilidad de que la institución azulgrana termine perdiendo la Liga, la Champions League y la Copa del Rey. Esto es ya una cuestión de apuestas empatadas a porcentajes similares con sus rivales de ocasión, en la proyección estadística que deberíamos hacer tras este varapalo ante la Real Sociedad de San Sebastián.
 
He dicho, porque así lo pienso y lo sostengo, que el Barcelona no tiene inconvenientes que nazcan de un mal funcionamiento futbolístico, sino de la preocupante indolencia en que deriva su juego como producto final, enfocado en el contagioso estado anímico que de sus hombres se genera.
 
 

 

Tal cual hoy en el campo de Anoeta, como en el Camp Nou ante el Real Madrid por la Liga la jornada pasada, el Barcelona acusó un bache mental del que no pudo salir una vez enlodado en el mismo. Cuando esto le ocurre a Messi y compañía, en parte por la incapacidad que trasmite Luis Enrique desde la dirección técnica, no hay otra alternativa que esperar un golpe de suerte que les pueda rescatar del descalabro psíquico que se apropia de ellos.

El Barça tiene una dependencia emocional de alto porcentaje de Lionel Messi y, cuando éste pasa desapercibido sobre el terreno de juego, como un efecto dominó, sus compañeros también comienzan a desaparecer de escena y poco a poco inician un éxodo futbolístico que les sume en la apatía mental competitiva.

 

 
Explicando de esta particular manera la posibilidad de que la obtención de algún título culé o todos a los que aún aspira esta temporada dependan más de un golpe de fortuna que de su gestión futbolística, atribuyo esta baja producción del Barcelona a un rendimiento sujeto a causas que muy lejos parecen estar del gramado del Camp Nou, allí donde sólo se juega al fútbol y no a hacer dinero.
 
 
 
 

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